CONTRAPUNTO. Poesía en Patagonia. Navalesi-Fresco-Colipan.

Dina Huapi, Río Negro. Coordenadas: 41° 4′ 27″ Sur, 71° 9′ 57″ Oeste

 

"La ley, en su majestuosa igualdad,

prohíbe a los ricos tanto como a los pobres 

dormir bajo los puentes, mendigar en las calles y robar pan". Anatole France.

 

Plaza de Mayo 750x500 EDITEDO

 

Hay dolores propios, se resumen adentro de una taza de té. Y la poesía es exorcismo que practicamos para nuestro bien.
Hay dolores que no caben en un cuerpo. Rebasan, se precipitan por fuera. Rompen las paredes, pueblan en las calles. El grito es feroz, desolado, buscando respuesta. Es el dolor del Otro, del unx multiplicado que se ha roto y busca el continente en una mano que se ofrece, una mirada que no huye, un abrazo al fin del día infausto; un lugar donde ovillarse el alma.

El lugar donde "la idea de Patria se encuentra  resignificada como lugar de ternura" -dirá Bernardo Colipan, leyendo a Ariel Navalesi.

No se resume allí el dolor en la taza de té; es necesario el calor del alimento comunitario. El exorcismo precisa de los cuerpos bailando en torno a la olla. Navalesi, como poeta que es, responde a ese dolor social, y armado en su calibrado arsenal de palabras irá en busca de la bestia para -como Silvio- destruirla planteando con un verso una verdad. Cecilia Fresco dirá, solidaria que "quisiera poder darle algo de tiempo a perder, para poder escuchar árboles y grillos y para poder perderse; un tiempo de descanso de los          tiempos amarillos".

VINUCA

 

 

TIEMPOS AMARILLOS

 

Quisiera andar por el campo

tocar el pasto

mirar el cielo

levantar una piedra

y desatar la música del grillo

Pero resulta que no es tiempo para eso.

 

Quisiera perderme otra vez

en el mismo bosque de hace siempre

sentir bajo mis pies

la blanda humedad del suelo antiguo

tratar de descifrar el quejido de los árboles

al balancear sus troncos

para acercarse un poco más

a su prójimo más próximo

y contarle algún secreto milenario

Pero, resulta que no, que estos no son tiempos para eso

 

Me gustaría volver a caminar por las calles del centro

sin más rumbo que mis ganas

pararme a silbar en una esquina

romper una vidriera con los ojos

llenar mi canasta de libros y comida

aplaudir los malabares

y darle mil billetes

levantar del piso a mi papá

a mi hermano a mi vecino

que de triste y borracho se ha caído

y se quedó dormido en la vereda

Pero resulta que no, que no es tiempo para eso

 

Otras veces quisiera salir de la casa que no tengo

y quedarme en el barrio de la infancia

jugar a la pelota con los pibes

tirarle punterías a una lata

conversar de la vida y de la nada

fumando cigarrillos en la plaza

Pero no, hoy no es tiempo para eso

resulta que no puedo

resulta que los grillos aplastados están muertos cambiemos alianzasx problemas .jpg 689937239

los secretos del bosque ahora son gritos

en el centro me pidieron documentos

y en la plaza de mi barrio ha crecido un cementerio.

Entonces me pregunto cómo

cómo escribir un poema en estos tiempos.  

 

 

 

Dormidos II

 

 

Nunca es tarde

cuando uno se despierta.

Nunca es tarde.

Abrir los ojos

Pisar la Tierra

Volver a encontrarse cada quién

con su lado de afuera.

 

Desde el único parlante de la radio

las noticias ensucian la mañana.

El retrato del Infierno

hecho en palabras

se desliza,

chorrea,

se resbala,

cae, sin prurito, en una lenta catarata.

Si el Dante lo escuchara,

ya no buscaría a Beatriz

la dejaría morir en paz.

 

El Infierno verdadero,

dijo Gelman,

el infierno

del Infierno verdadero.

Trato de esquivar las esquirlas

y pasarle un trapo húmedo a la mesa.

Tiro al piso las miguitas de la noche.

Es el derrame, me digo,

‘pa que coman los deabajo.

-Apenas un mar de mezquindades-.

 

Nunca es tarde

cuando uno se despierta.

Cuando uno se despierta

nunca es tarde.

El agua de la pava está caliente

Y me acuerdo de Guevara

tirado sobre el catre

con su boina

y acodado junto a un libro,

como en el tango

meta y dale, meta y dale con el mate.

 

Otra vez escucho lo que escucho

Y me digo: para mí

que esto no es cierto.

Se me añudan las razones en el moño,

se me atan los cordones de la cara.

Como esos edificios villa 31 EDITADA

que caen sobre sí,

que se desploman,

así cae

hueso adentro

mi cerebro.

(Implosiona como un Warnes

de agotadas ilusiones)

Y sólo se me ocurre

 una cosa:

Nunca es tarde

Cuando uno se despierta.

 

Tal vez,

estemos aún a tiempo,

aún a tiempo

de hacer

lo que hace falta.

Recitar a contraviento algún poema

darle de comer al niño

y volver a escribir en las paredes

que, si no estás vos,

no hay patria.

                                                   Octubre, 2018

 

 

Responde Cecilia Fresco

 

El poeta, parece, está perdido. De diferentes maneras, en cada poesía: está perdido. Atrapado en dimensiones que esconden laberintos; ¿hay hacer posible para rescatarlo?

Uy, a mi me pareció muy ubicado, en su tiempo y en su lugar. Tal vez quisiera poder darle algo de tiempo a perder, para poder escuchar árboles y grillos y para poder perderse; un tiempo de descanso de los tiempos amarillos.

 

Él, como los árboles que se quejan, tiene un secreto milenario. ¿Siempre tiene destino un poema?

Siempre, un destino y un destinatario, cercano o desconocido; un destino pensado o inimaginable. Hay, parece un secreto que hace fuerza por salir entrelíneas.

 

Navalesi recorre calles, plazas, bosques, centro, el campo. Se despliega en una multiplicidad de planos con una pregunta. Pero, ¿cuál es el lugar del poeta cuando arrecian tiempos amarillos?

El lugar que toma efectivamente, el de hablar. Y también el de luchar, al igual que cualquier damnificado de estos tiempos.

 

¿Alguna vez te atormentó una pérdida de magnitud semejante?

Ay, sí, esta que va afinándose cada vez que es nombrada.

 

¿Puede el letargo ser una defensa válida?

Creo que no, lamentablemente creo que no vale letargo porque es como decir el que calla otorga.

 

¿Despertarías a Beatriz?

Creo que no, no sabría explicarlo pero no la despertaría, no no no.

 

¿Cómo escribir un poema en tiempos como estos?

Con todo lo que se pueda, tripas, corazón, razón.

 

¿Qué es la identidad?

Lo que vemos de nosotros más lo que ven de nosotros, el resultado de esas dos miradas que no es ni una ni la otra. Se me ocurre que la identidad también tiene que ver con el futuro, con lo que proyectamos ser, además de obviamente de la relación con los que fueron antes nuestro (este modo gallego de hacer una tortilla, de mirar el mar, este modo sefardí de sobreproteger).

 

Y la Patagonia, ¿qué es?

Mi tierra, la que elegí a los 5 años, esa que aparecía en mi libro de 4to grado (Río Negro mi provincia, del mar a los Andes) esa cosa infinita árida y ventosa, ese verde azul explosivo, este sol que no es así en ninguna otra parte.

 

 

Responde Bernardo Colipan

 

Tiempos amarillos.

Desconozco si este par de poemas forman parte de una conjunto mayor (poemario, libro), para tener una lectura que me permita tener una visión del círculo aureático del conjunto y de la pulsión individual  con la que aporta el poema. (NdR: ciertamente forman parte de un poemario mayor).

Sin duda, las calles de su pueblo nunca llevaran el nombre del poeta que las recorre. El poema  se abre en un círculo para recorrerlo, pero que está herméticamente cerrado de antemano.

El impulso vital encuentra una actitud que clausura y niega cualquier desplazamiento por el espacio textual y el de vida.

El “Quisiera, pero resulta” o “quisiera , pero no se puede”, limita la acción de enunciar y nombrar las cosas, como también de describir un movimiento en el espacio.

El con-texto que se constituye en un espacio de negación para el poeta, también puede constituirse en un espacio de redención.

El modo estrecho como se vivencia la realidad, provoca que la pulsión expresiva del poema, se reduzca a un narrativa intimista. No aparece con fuerza un sujeto colectivo, ni este habla a través del poeta. Más bien importa  lo que piensa y siente el poeta en su fuero interno.

La interrogante que plantea el poema al final, tal vez se solucione abriendo las ventanas al poema, para que se llene de realidades, cuerpos y territorios.

 

Dormidos II.

En el poema “Dormidos II” se siente una espesura mayor, que fluye en con una densidad expresiva de principio a fin.

Aparece nítidamente el contrapunto entre el mundo que se degrada y el optimismo de estar de pie  en la vida. En la lucha cotidiana, en la esperanza de una vez muerto, soñarse vivo y comenzar de nuevo cada día.

Llama la atención que el concepto de patria que cierra y abre el poema, l

a idea de Patria se encuentra  resignificada como lugar de ternura, a diferencia de la connotación nacionalista, republicana, chovinista que ha permitido reproducir en el tiempo una sociedad desigual y asimétrica.

 

¿Cómo escribir un poema en tiempos como estos?

La poesía constituye un estar de pie, de pie en la vida. Se puede morir de escorbuto, de covid, menos de poeta. La poesía permite sentir la liquidez del ámbar que trajimos al nacer.

Nos pone en el lugar exacto para iniciar el camino de regreso, a esa parte del mundo donde podría escuchar la respiración del río.

Pero los viajes de retorno llegan en el momento en que el corazón está preparado.

En cada lugar de sacrificio encontramos a la persona que debiéramos haber sido.

Tenemos muchas voces que nos pueblan y debemos agudizar nuestro corazón para escucharlas.

En algún lugar del camino nos espera nuevos nacimientos.

 

¿Qué es la identidad?

Así planteada la pregunta, trae consigo una frustración de entrada. Desde una visión única, patriarcal y racista se piensa la realidad desde el paradigma de la identidad única y esencial.

 Se debe entender que las realidades nacionales, están  compuesta por varias identidades que se cruzan, conviven, se contradicen y se reproducen en el tiempo en un escenario de heterogeneidad cultural. Vale decir que bajo  un mismo Estado-Nación coexisten distintas identidades locales, compuestas por identidades culturales, además de pueblos originarios.

A lo largo del territorio nacional, distintos sujetos construyen variadas formas de construir territorialidades y le otorgan distintos sentidos al espacio.

Es importante pensar la heterogeneidad desde las diferencias, es decir lo que nos distingue los unos de los otros y que provoca nuevos encuentros y nuevos saberes.       

Toda identidad necesita de otra identidad y esa coexistencia es un requisito indispensable para existir.

Asumir la heterogeneidad y la diferencia, como categorías básicas de políticas culturales, implica la observación lúcida de las relaciones de poder que se reproducen desde una cultura hegemónica a una subalterna.

Una cultura, siempre se va encontrar diferenciada de otra y resulta  imposible hablar de un sujeto cultural unificado, ya que no todos los miembros de esa cultura son homogéneos, ni mucho menos  están determinados por los mismos condicionamientos; por ejemplo,  la construcción de género al interior de la sociedad, varía según las identidades culturales que las piensen, sean éstas pertenecientes a culturas locales o indígenas.

Las culturas no son ni tan uniformes, ni tan estructuradas, pues al interior de ellas las pueblan varias voces, es decir pluriversos que cambian y son dinámicos a través del tiempo, de sus historias y sus territorios.

Es necesario y urgente transitar del Uni-verso (único verso) a los pluriversos.

 

Y la Patagonia, ¿qué es? 

Un espacio pluriversal que daba cabidas  a muchas sociabilidades, formas distintas de construir espacios, lugar de fogatas  encendidas de hace 12.000 años atrás, coordenadas de tiempo y espacio del Wallmapu de la nación mapuche que se asentaba,  antes del nacimiento del estado-nación argentino/chileno.

Desde estos espacios nos pensamos  desde un cuerpo, desde una piel, desde el lado “Otro”, desde la orilla opuesta al torreo colonial donde nos construyen deformes, vacíos de tiempos, emociones y sentidos.

Desde estos micromundos debemos diseñar  un geopensamiento que contribuya a producir no un nuevo conocimiento, sino un «conocimiento otro» pensado, desde un «espacio y un cuerpo otro», en las configuraciones de los distintos centros poder para  geopensarnos, geosentirnos  y geolocalizarnos.

 

 Ariel y SilviaAriel Navalesi (de Dina Huapi) nació en 1960.  Cazó monstruos acuáticos en las zanjas de las calles de tierra del lejano oeste bonaerense. Como en el barrio no había cipreses supo treparse a los postes telefónicos y otear, desde esas alturas, el horizonte suburbano. Juntó bichos, contempló las estrellas, tuvo un perro, jugó fulbitos interminables, aprendió a viajar en colectivo, cosechóamistades. Conoció la emoción de cruzar la Avenida Rivadavia sin semáforos y sobrevivió ileso.

El tiempo es un misterio que siempre lo sorprende. Los años, por suerte, van dejando marcas, huellas, cicatrices de las visibles y de las otras (Tal vez por eso no ha tenido lugar para el tatuaje clásico de tintas, agujas y dibujos).

Celebra profundamente el regalo, la gran herencia, la llave -hoy diríamos: la clave - de acceso, al mayor invento de la humanidad: el lenguaje y sus consecuencias: la escritura y la lectura. Por eso defiende la escuela pública y ha sido maestro durante tantos años. Maestro de Jardín de infantes, de primaria y profe en el Instituto de Formación Docente Continua de Bariloche. Y también por eso, de vez en cuando, escribe textos, cuentos o poesía, o cosas, porque le gusta seguir cazando monstruos acuáticos en misteriosas zanjas, trepar tan alto como pueda y otear el horizonte, juntar/se con los bichos, hacerse un poco el perro, viajar en colectivo, cultivar amistades y cruzar las avenidas que haga falta. Al menos eso dice yo.

Es integrante, cofundador, del grupo de activismo poético Yuyos malditos, así como de la página para las infancias y sus adultxs El grillo y la luna.

 


Ceci Fresco

Ceci Fresco es oriunda de Bariloche y reside en Villa La Angostura, donde vive en estado de poesía permanente. Nació una vez, en Buenos Aires, pero no guarda registros del hecho. Alma Mater de Allan Verse, grupo literario de escritoras, escritores, malvividos y otras yerbas. Publicó entre 2010 y 2018: Las Huellas, Realidad vs. representación, Invierno (novela, poesía y cuento respectivamente). Y en coautoría con Natalia Belenguer: La vida en el suelo; poesía.  Su obra poética fue seleccionada en Sin venganza no hay madera (FER, 1991), Estación 13 (FEM, 2008), Antología Federal de Poesía, región Patagonia (CFI, 2014), Poesía Río Negro II (FER-UNRN, 2015), Antología Poética I (FEM, 2015) y Breve Tratado del Viento Sur, (Colombia, 2018).

 

 

 

Bernardo Colipan Filgueira nació en Rahue, Osorno, en 1967.

Poeta, profesor de Historia y Geografía, Licenciado en Educación, docente de la cátedra de Territorio y medio ambernardo recortadobiente en la Escuela de Diseño de la Universidad de los Lagos.

Entre sus obras ha publicado, junto a Jorge Velásquez, "Zonas de Emergencia". 

Antología crítica de Poesía Joven del Sur de Chile (Ediciones Paginadura, Valdivia, 1994), Pulotre: Testimonios de vida de una comunidad huilliche 1900 – 1950 (Editorial Universidad de Santiago, Santiago, 1999), Arco de Interrogaciones (Editorial Lom, Chile, 2005). Ha sido seleccionado en diversas antologías, entre ellas: Desde los Lagos: antología de poesía joven (Ed. Polígono,Puerto Montt, 1994), El Canto Luminoso de la Tierra. Cuatro poetas williches (Ediciones Serindígena, Santiago, 2001), 20 poetas mapuches contemporáneos (Lom Ediciones, 2003) y La memoria iluminada: Poesía mapuche contemporánea (Edición de Jaime Huenún. Málaga, España 2007). Su poesía ha sido traducida al mapudungun, catalán y al inglés.

Su trabajo ha sido distinguido como mención honrosa en el Concurso Nacional de Poesía El Joven Neruda, 1998, con la beca Fondart Creación Literaria, 1997 y la beca del Fondo de Fomento del Libro y la Lectura, 1998. Actualmente reside en el sector rural de Temuco Chico, próxima a la ciudad de Cañete, Región del Bío Bío.

 

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