EL PARAÍSO TEMBLÓ_El sonido, la furia y la palabra.

Villa La Angostura. Coordenadas: 40º45'18" S -71º 31' 40" O 

Divina Comedia, Infierno, Canto II, Selva os

                                                     “¡Memoria que escribiste lo que vi,aquí se advertirá tu gran nobleza!”

Divina Comedia, Infierno, Canto II, Selva oscura, vss. 8-9.

 

 

En diciembre de 2011, año de la erupción del volcán Puyehue, (que tantas huellas dejó en nuestra ciudad, Villa La Angostura) entrevisté a la profesora y escritora Natalia Belenguer acerca de un proyecto que había llegado a mis oídos: la recopilación de testimonios de pobladores de la zona en relación al extraordinario terremoto ocurrido en 1960.

 

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En ese encuentro con Natalia me anoticié de varias cosas. Primero, que no se trataba de un proyecto en curso, sino de un trabajo consumado. Natalia Belenguer había ya elaborado un documental, entre 2005 y 2008, basado en testimonios de pobladores de Villa La Angostura y la región sobre el terremoto del 22 de mayo de 1960. Segundo, que ese documental había sido presentado en Septiembre de 2008 en el Centro de Convenciones de Villa La Angostura, con la presencia de los entrevistados y sus familias.

 

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El documental me impactó, fuertemente. Esas voces y esos espacios de otro tiempo re-dimensionaban la situación que estábamos atravesando: habían pasado apenas cinco meses de la erupción del volcán Puyehue, que aún continuaba arrojando cenizas sobre nuestra ciudad, la incertidumbre continuaba cerniéndose sobre nuestros destinos.

 

 

 

 

Esas voces y esos espacios de otro tiempo...

 

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En aquella entrevista, Natalia declara: “El documental debía seguir a un libro que preparé durante años y aún duerme en mi PC.” Y finalmente, ante la pregunta de que si pensaba volver a exhibir el documental, afirmaba: “Sí, siempre pienso que sí, pero me tengo que organizar, y lo haría para difundir el trabajo y que puedan ver a los viejos pobladores contando sobre el hecho, porque realmente es hermoso escuchar cómo ellos narran la historia”.

                         http://rescatevilla.blogspot.com/2011/12/historia-el-paraiso-temblo.html 

Hoy, casi una década después de estas palabras y a cuarenta años del gran temblor, ve la luz finalmente el libro “El Paraíso Tembló”, publicado por Ediciones De La Grieta, de nuestra ciudad vecina de San Martín de los Andes.

 

Portada El paraíso tembló EDITADA

 

Los hechos

El domingo 22 de mayo de 1960, a las 15 hs. un terrible temblor (un megaterremoto y tsunami), que tuvo su epicentro en la ciudad chilena de Valdivia, sacudió literalmente toda la zona.

 

foto terremoto 1960  diario con la noticiajpg

 

En Valdivia, se derrumbaron dos cerros provocando un bloqueo en río San Pedro, creando un tapón de 24 metros de altura, en el cual cada metro de crecida almacenaba aproximadamente 20 millones de metros cúbicos de agua. En Argentina, el movimiento provocó un enorme lagomoto en el lago Nahuel Huapi. Una ola gigante devoró el muelle del puerto San Carlos, en Bariloche, llevándose la vida de dos personas. Se originaron diversas remociones en masa y deslizamientos y, como consecuencia de ese temblor, treinta y ocho horas después, entró en erupción el Complejo Volcánico Cordón Caulle (el mismo que entraría en acción aquel sábado 4 de junio de 2011).

 

Nota El Paraíso Tembló

 

Fue el terremoto más devastador registrado en el mundo en todo el siglo XX: se estima que se cobró aproximadamente dos mil víctimas fatales y dejó damnificados a más de dos millones de personas.

 

...sacudió literalmente toda la zona...

 

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Las voces, las lecturas

Titulares terremoto 1960 EDITADA

          El libro El Paraíso Tembló registra un amplio espectro de     testimonios de pobladores de nuestra ciudad y de nuestra zona.   El texto está organizado de acuerdo a capítulos que estructuran   (y posibilitan) diversas lecturas.

 

           La primera es la que delimitan la Primera Nota (“¿Por qué   el terremoto y no otro tema?”), la Segunda Nota (“Recordar   provoca...”) y la Tercera Nota (“La naturaleza marca el ritmo de  la vida...”). Al interior de esas fronteras, vamos descubriendo   las voces de los protagonistas de esta historia. Y desde sus   voces, vamos construyendo, según avanzamos en la lectura,     sus   rostros, sus cuerpos, sus familias y sus vidas.       Comenzamos a ver el paisaje, la época, esos tiempos en los     cuales la cordillera (y la vida en la cordillera) era otra cosa.

          Desde esas voces, reconstruimos un solo espíritu, “una voz que nos recuerda que el pasado está en el presente y que Vidal, Chabol, Guananja o Primeros Pobladores, no son sólo nombres de calles” (p. 9).

 

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Otra clave, fortísima, de lectura, es la que propone el título: la de la dualidad Infierno/Paraíso, la de que este paraíso terrenal puede llegar a convertirse en un verdadero infierno. Varios de los títulos de los capítulos así lo señalan: “Paraíso I”, “Paraíso II y III”, “Infiernos posibles” y esta pregunta resonante: “¿La ficción de pensar un paraíso?”.

 

El Paraíso Tembló es un texto vivo, orgánico, es un relato polifónico construido con fragmentos de relatos, con mapas, con recortes de diarios, con pedazos de Historia y de historias. Natalia Belenguer ha intentado (ha logrado) rescatar la oralidad de los discursos de los pobladores del texto, sus marcas dialectales – sociolectales – idiolectales. El libro está lleno de frases memorables:

 

“Y siento un ruido tic, tic, así tic” (p. 31)

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“Era un tremendo nubazón gigante” (p. 103)

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“Las piedras que se despegaban, bajaban ahí ¡fa!” (p. 33)

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“Porque yo soy terrorosa, tengo terror al temblor” (p. 165).

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Los relatos confluyen en determinados tópicos: la relatividad del tiempo (¿cuánto pasó? ¿Cuánto habrá durado?); el ruido (“era todo un conjunto de ruido”, “como un ruido debajo de la tierra”); el olor (“puro azufre, puro azufre”).

 


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El índice restante es el espacial: Natalia brinda además de la lista de los entrevistados, su localización en un mapa al momento del temblor.

 

Todo está guardado en la memoria

 

El poeta y profesor bahiense Sergio Raimondi dice, en la contratapa del libro: “En vez de sismógrafo, Natalia usó su oreja y pudo reconocer así que la memoria de unos minutos puede durar décadas; también que los movimientos de la tierra repercuten en la lengua”.

Construcción y reconstrucción: una dialéctica que recorre El Paraíso Tembló de punta a punta. De los hechos, de la memoria y del terreno. Configuraciones y reconfiguraciones. No por nada nos topamos con varios mapas en el libro: uno de los capítulos aborda la relación “El espacio biográfico y el espacio geográfico”. Un titular del diario La Nueva Provincia (27 de mayo de 1960) anuncia sin ambages: “Cambiaron los Terremotos la Fisonomía de la Nación”. Otras preguntas subyacen a esta lectura y Natalia Belenguer las plantea: ¿Quién hace los mapas? ¿Quién consigna el nombre de un territorio? ¿A dónde vamos a preguntar cuando ya no se pueden ubicar lugares en el mapa?

pregunta Icarus

 

Hoy, que los conflictos sobre los territorios están nuevamente en el centro de la escena, cuando las órdenes de desalojo a las comunidades originarias están a la orden del día, estas preguntas exigen ser reformuladas, trabajadas y analizadas en toda su dimensión y alcance.

En su estupendo trabajo Geografías imaginarias, Ernesto Livon-Grosman sentencia: “La historia de un país es, entre otras, la historia del desplazamiento de sus fronteras y de su definición como territorio” (2003: p. 12). El terremoto acaecido en 1960 removió las estructuras que habitualmente nos sostienen. El Paraíso Tembló aborda otras estructuras, la de los relatos que la memoria de aquellos hombres y mujeres han guardado: “Ellos, los pobladores, le pusieron palabras al terremoto”, señala Natalia.

 

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Uno de los momentos estremecedores del libro es el texto llamado “Para que resuene”, donde la autora recopiló los dichos más vistosos y sonoros (discúlpenme la redundancia) en un profundo poema polifónico.

 

 

La presentación

 

presenta Belenguer

 

El domingo 18 de diciembre, tuvo lugar la presentación de El Paraíso Tembló, en la flamante Sala “María Teresa Andruetto” de la Biblioteca Popular “Osvaldo Bayer” de Villa La Angostura. El evento contó con la presencia de la autora y significó su encuentro tanto con protagonistas del libro como con sus hijos e hijas, así como gente que colaboró con este proyecto que Natalia Belenguer iniciara en el año 2005. La presentación completa puede verse en el siguiente link, correspondiente a la sección “Videos” de la Página de Facebook de la Biblioteca “Bayer”:

                                  https://www.facebook.com/168390816512508/videos/212592663689439

Esa noche, además de la historia del libro, de discursos emotivos, de brindis de honor y música estelar, tuve el honor compartido junto a la escritora Cecilia Fresco de leer el texto “Para que resuene” ante la concurrencia.

Creo honestamente que no hay mejor corolario para esta reseña que he escrito para Patagonia Culturas que este poema colectivo, donde todas las voces se hacen una y la memoria parece fluir como un río, como la naturaleza misma: caprichosa y bella, hermosa y violenta al mismo tiempo.

 

PARA QUE RESUENE

 

Y era porque iba a venir ese tremendo golpe de maremoto.

No alcancé a decir temblor que ya empezó el traqueteo.

Y en eso vino la olada que me llevó toda la ropa para adentro.

Yo soy terrorosa, tengo terror al temblor.

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Los árboles iban las hojas al suelo y se volvían otra vez a su posición.

Los animales, cómo bajaban de las montañas, todos, la branera de las vacas nomás.

¡La gritera y a abrazar el barril!

El Chalet que hay parece que se caminaba.

Que estaba uno tranquilo, pero era un así nomás un... una patadita que da, a cualquier hora.

Me parece que va a salir viento, dije yo.

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No, no me dan los pies porque la tierra se mueve.

Todos, una llantería tenían. Pensaban que nosotros ya no volvíamos.

Los árboles se azotaban contra el suelo.

Impresionante la cordillera verla como se viene al lago.

La tierra va dando como una ola.

Se vino una clase de viento, como un motor.

Todo era un sólo movimiento y ruido.

Se escuchaba el zumbido del lago.

Como un ruido de como cuando empieza a tormentear.

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Empezó a sonar como que venía un camión.

Como un ruido: como que se venía un tropel de caballos.

Como una olada de viento, pero que no se abre, una olada de viento cerrada, así era el ruido.

De repente plantaban como una bomba y mandaban toda la ceniza derecho...

Como que se puso triste la tarde. Muy oscura, opaca.

Sentía caer un montón de piedra acá, que era como tirar una camionada de piedra al lago. Era todo un conjunto de ruido.

Una llama pálida así, como un relámpago, media blanca, media amarilla.

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Se veía una luz así que se levantaba como una fogata.

Se ve que enfocaba a las nubes. Se veía una claridad.

Y el color, color de juego y la radio tra, tra, descarga y descarga.

En la noche se veían las llamaradas que salían.

Como un resplandor, como una llamarada así de fuego.

El sólo bramadero de los cerros, de los faldeos, de todos lados.

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Casi me hicieron llorar las aves que habían ahí. Se acumularon todas en donde yo estaba a la puerta llorando, llorando.

Parece que se afligían los animales pobrecitos.

Viste? Como ves las víboras que se mueven, así se movía el asfalto.

La tierra se mueve, sí, sí como una cuncuna.

La punta de la playa del lago grande se fue toda a la hondura.

En Santa María era una playita media grande cortó a pique, el remezón.

Y si se descuelga en Cerro Bayo.

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Al venir el día pegaba su zapatazo la tierra.

Todas las noches pasaba el sacudón.

Lo controlaba yo cada cinco minutos, al principio pegaba una pataleta.

Se arrollaba el agua para dentro y se hacía un cerro.

Y de allá venía ese cerro de agua.

Se iba y quedaba todo negreando abajo.

Ay Gracias a Dios el lago volvió! Parece que se había ido.

Porque el lago se arrolló para adentro.

El lago era un solo ruido.

El lago se perdió.

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Y los tres hermanos como que se venían para acá.

Pasar a manotear la ropa y disparar pa' abajo con los chicos al hombro.

Tengan cuidado de que cuando sientan un temblor siempre hay uno adelante y después está el otro grande atrás.

 

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Por Diego Rodríguez Reis

 

 


Belenguer

Natalia Belenguer nació en Bahía Blanca en 1969. Estudió letras en la Universidad Nacional del Sur. Desde el año 2000 vive en Villa La Angostura. Es Profesora en la carrera de Lengua y Literatura en el Instituto de Formación Docente Nº3 de San Martín de los Andes.

En el año 2005 empieza a indagar sobre el tema del terremoto de 1960. En 2008 presenta el video El Paraíso Tembló con parte del material del presente libro.

Publicó los libros Desafinan los huesos (El Baqueno, 2007), Territorios, (La Grieta, 2016) y La vida en el suelo (Espacio Hudson, 2019). Participó de diversas antologías: 23 Chichos Bahienses (Vox, Bahía Blanca, 2005), Proyecto Identidades Plan de Lectura (dependiente del CPE de Neuquén y la UPEI, 2011), Antología Federal  de Poesía, Región Patagonia (Consejo Federa de Inversiones, 2014) y Breve tratado del viento sur (Editorial Escarabajo Bogotá, 2017). 

 

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