DISTOPÍA DE NAVIDAD

En algún lugar de la Patagonia, o no.

Pu Retorno

Fría, la luna otoñal resplandece

en el álamo blanco

 

Li Po

 

No es real que haya estado mordiendo cerezas y lavando cebollas moradas a la vez entre gotas de cloro y de limón, en tal caso podrá serlo tanto como haberme hisopado ayer, aunque lo dudo porque hasta hace minutos, realmente bailaba en círculos, mientras los perros giraban sus ojos por mí, y yo, alzando los brazos gritaba a voz en cuello: ¡¡Te quiero, Diego!!

Este año –creo- no existió. Según sé, empezó a mediados del Tercer Mes en el Año del Señor. Y todes (o muches) creyeron que iba a durar quince días. Lo recuerdo con toda claridad, aunque no sé muy bien si sucedió en mis raptos oníricos, pero lo recuerdo porque te fuiste antes del capricho de Cronos y  las pestes que larga sobre sus hijos (y sus hijas). Así que desde ahí estoy esperando que este lapso imposible, indeseado, se diluya y vuelvan a mí tus ojos verdes.

 

Luna y árbol de plataLi Po tiene un álamo blanco,

álamo de agua el de Li Po.

Los nuestros son muy verdes, muy espesos.

                                                                                    

Sólo por accidente

se queda aislado un álamo en el valle.

Árbol sin arboleda,

tal vez ése

pueda ser el helado,

el de Li Po.

Irma Cuña (Neuquén, 1932-2004)

 

En la utopía de tu universo, tu voz dice que estás bien, y yo le creo porque escucho tu voz y mi corazón se expande, se ilumina y se abriga. Entonces me abraza la calma.

Hay algo que está vigente: la medida que usábamos (no la real, la convenida) para atrapar el tiempo, se siguió usando en este año menor. Sabés que los relojes resbalan de mi muñeca y de mis paredes. No confío igual en años que no saben cuánto van a durar y hoy dicen tanto y otro hoy se declaran en estado de incertidumbre. Así que con el abrigo de tu voz armé el velamen de mi bote y –como si no tuviera miedo del agua- navegué sobre sus días de aguas negras sin mirar para atrás.

 

La costa ensancha de nuevo sus hojas,

reverdece.

Hubo amarillo aurífero,

marrón estepario

replegado, ahora, en la ladera de las bardas.

Nuevas ramas de sauce ondulan sumergidas,

la corriente vuelve apenas hacia el oeste

y enseguida abraza el curso de las aguas.

Nada parece haberse estancado

y, sin embargo, estoy inmóvil

sujeta a las palabras.

Silvia Mellado (Zapala, 1977. Vive en la ciudad

 de Neuquén desde 2006)

 

Fue muy bueno encontrar poetas y poesías. Hay una hechicera de palabras que en su caldero prepara té para las novicias y asegura, que revolver las hebras junto a amigues poetas, salva el día. Sirve los trozos (de poetas) casi a diario en banquetes que degustamos religiosamente a cualquier hora. Porque todas las horas pueden ser una. Estuve en esa mesa (colgada de un abanico japonés) y leí en el Libro Etílico de la Poesía que deben cumplirse los convites de poetas cosecheros.

Me mira Burton desde la pantalla, diario en mano; los dos en blanco y negro. Él anduvo de cosecha y repartió una cesta con poesías, para la mesa dulce de Navidad. No lo sabe tal vez, pero no todas son dulces.

 

la tierra y los cielos se desoyen

el interés mutuo breve y estrecho

se desvanece

así veo en el límite entre el río y el aire un vapor rancio

han prendido fuego las sierras y el litoral

y la belleza del fuego

se ha transformado en gris paisaje

las retamas el pistacho el rosal los álamos y mis violetas

ofrecieron el instante sacado de este tiempo

amarillosverdesaguas

 

caronte3

pero han llevado y traído las pestes

paso el tiempo atravieso mientras escribo

después la espera

¿será posible reiniciar el futuro?

Verónica Padín (Neuquén, 1977)lt

 

Tampoco aclaró para qué Navidad las repartía. O si en este año inexistente, estaría incluida alguna.  En unas horas, parece, se va terminando. Eso gritan los relojes que se derriten y yo no escucho. Pero sé que Burton hizo cosecha.

Alguien susurró que se abrió la caja de Pandora; eso posiblemente sea cierto: algunos ayes pasaron y sacudieron mi bote, amenazando con voltearlo. (No saben que mi vela es la promesa de tus ojos en retorno). Si hay Pandora, ¡entonces que haya Navidad!

Si este año no termina, como vociferan los relojes, pediremos al Poeta, más cosecha de poesía y haremos cada día Navidad para que retornen todos los ojos verdes a su lugar.

 

el viento del oeste

disuelve las murallas

de la sombra

la luna naufraga, roja

            en el vino

y las cerezas, mientras

            en un vuelo extraviado

un pájaro cruza el jardín

nada perdura: el vino se termina

            y el pensamiento, ya libre

cabalga sin prisa

            las aguas del río

hacia la luz

 

gerardo burton (buenos aires, 1951. vive en

 neuquén desde 1986)

 

Río hacia la luz vainilla

navidad 2020 * la cebolla de vidrio ediciones

 

Por VINUCA

Loading...
Loading...