EXPLORANDO LA PATAGONIA. LA CARAVANA DE MUSTERS (Primera parte)

Puerto Deseado, Santa Cruz. Coordenadas: 47º 45’ 00” S – 65º 54’ 13” O

 

Hasta finales de la década de 1860 el territorio patagónico había sido explorado prácticamente sólo desde la costa, a excepción de algunas misiones cristianas y la instalación de galeses en 1865. Sin embargo, el espíritu de aventura de un europeo se encargaría de correr ese velo.

George Chaworth Musters, nacido en Nápoles (Italia) el 13 de febrero de 1841, pero hijo de padres ingleses de clase acomodada, quedó huérfano a temprana edad. El hecho de tener tíos marinos influyó en su mirada al mar desde pequeño y tuvo al velero "Algiers" como escuela inicial. De esta forma escaló grados en la Marina inglesa. Uno de sus tíos, Robert Hammond, fue parte de la tripulación del "Beagle" que junto a Fitz-Roy navegó por América del Sur. Eso y tal vez otras lecturas afines (como Charles Darwin por ejemplo, donde narra sus experiencias en la Patagonia) potencian en Musters, por entonces con  27 años, el «fuerte deseo de penetrar, si era posible, en el poco conocido interior…” de esa región.

 

Musters

George Chaworth Musters

 

El tema era como conseguirlo. Su decisión fue integrar una caravana tehuelche partiendo desde Punta Arenas en dirección al norte patagónico. Según Musters “informaciones acerca del carácter tehuelche y sobre la deleitosa diversión de la caza del guanaco me hicieron ansiar más que nunca la realización de ese plan”. De esta forma emprendió la tarea preparatoria para lo cual le ayudaba el conocimiento del español, lengua que los aborígenes también conocían.

En marzo de 1869, mientras estaba en las Islas Malvinas, el gobernador británico, Mr. H. Dean, escribió una carta de presentación para el capitán Luis Piedrabuena («…. inteligente argentino muy conocido en Stanley, propietario de una goleta con la que explotaba las pesquerías de lobos de la costa, y dueño también de una factoría establecida en la Isla del Medio – Pavón -, sobre el río Santa Cruz”). La carta facilitaría su misión y trato con los tehuelches: "… como conocía medianamente el español, lengua que muchos de los indios saben bien, me parecía posible cruzar sin peligro el país en compañía de algunas de las partidas errantes de indígenas tehuelches".

Al mes siguiente Musters se dirigió hacia Punta Arenas sin advertir ninguna partida indígena, por lo cual se incorporó a una patrulla militar que se dirigía a Santa Cruz, con el propósito de capturar desertores. “Armado así de credenciales, y pertrechado con una manta de piel de guanaco, un lazo y una boleadora, aproveché el ofrecimiento de un pasaje hasta el estrecho que me hizo un amigo que se dirigía a la costa occidental". Luego de dos semanas a caballo y acompañado llegó a la isla Pavón, donde Piedrabuena no se encontraba. Lo recibió Mr. Clarke, encargado del establecimiento en ausencia de aquél.

 

Recorte Isla Pavón Santa Cruz

Isla Pavón, Santa Cruz.

 

Casualmente, cerca de allí acampaba el célebre cacique Orkeke (padre de Sam Slick y Casimiro)  al frente de una caravana que se dirige al norte. Dijo Musters: "Mucho me impresionó el porte grave y solemne de éste. Ante su estatura de seis pies cabales y su proporcionada musculatura, nadie habría sospechado que el hombre había cumplido ya sus 60 años; y, cuando saltaba sobre su caballo en pelo, o dirigía la caza, desplegaba una agilidad y una resistencia iguales a la de cualquier otro más joven. Su abundante cabello negro estaba levemente veteado de gris, y sus ojos brillantes e inteligentes, su nariz aguileña y sus labios delgados y firmes eran muy diferentes de lo que, según la idea corriente, son las facciones patagónicas; una frente achatada afeaba un poco la expresión de su rostro, que, sin embargo, era seria y meditativa, y a veces notablemente intelectual... Aunque era particularmente limpio en sus ropas y aseado en sus costumbres, era víctima, como todos los indios, de los parásitos" (sic).

 

Cacique Orkeke

Cacique Orkeke

 

Sólo un invierno le tomó a Musters entablar cordiales relaciones con los tehuelches. Los acompañó en travesías y cacerías cortas lo que permitió a los nativos evaluar su progresivo adiestramiento. Con el paso del tiempo fue incrementándose la amistad entre él y Casimiro,  describiéndolo así: "Cuando no estaba ebrio, este hombre era vivo e inteligente, astuto y político. Sus extensas vinculaciones con todos los jefes, inclusive Reuque y Callfucurá, le daban mucha influencia. Era también obrero diestro en varias artes indígenas, como la de hacer monturas, pipas, espuelas, lazos y otras prendas. Era muy corpulento, de seis pies cabales de estatura".

Finalmente Casimiro aceptó su incorporación a la caravana e influyó sobre Orkeke que se oponía al acompañamiento del europeo, argumentando que un hombre de su rango debía merecer un trato preferencial, lo que les haría perder tiempo y entorpecería la marcha. Sin embargo, el astuto Musters demostraba con creces que no sólo podía hacerse cargo de él mismo y de su caballo, sino también que había adquirido las costumbres tehuelches participando en todo lo que hacían: dormir a la intemperie bajo una manta de piel de guanaco, comer con ellos y ser resistente en las tareas pesadas. Además, aprendió el aóni-aish, la lengua de la parcialidad aóni-ken. Finalmente fue aceptado y partió con la caravana. En el grupo viajaban alrededor de cincuenta nativos de todas las edades: mujeres, niños, jóvenes y hombres, los cuales eran familiares y  allegados, a los que se les sumaban prófugos del presidio de Punta Arenas que habían sido capturados y reducidos a servidumbre por los jefes tehuelches.

Sobre la composición del contingente inicial que partió del campamento de invierno sobre el río Chico, Musters comentaría que: “los diversos destacamentos estaban todos reunidos entonces, y la partida representaba en total, aparte de los chilenos y de mí, dieciocho fornidos tehuelches o patagones, con un número proporcionado de mujeres y criaturas. Los más importantes eran Orkeke, el cacique actual, y su hermano Tankelow, que poseía el número de caballos más considerable; Casimiro, cuyo gobierno era todavía una posibilidad, Camilo, Crime, Cuastro, Cayuke, etc. Hay que citar el nombre de uno más: Waki, perfecto hércules por sus formas, sujeto enteramente bondadoso, con quien nos hicimos grandes amigos”.

Por lo general los sujetos que integraban una caravana proveniente del Sur se sumaban voluntaria o compulsivamente, después de dirimir enfrentamientos, a medida que el grupo inicial evolucionaba en un ciclo viajero que duraría aproximadamente dos años, y que se repetía desde la fundación española de Carmen de Patagones en 1779 con la política de los agasajos, reforzada durante los tiempos de Juan Manuel de Rosas con el objetivo de recibir raciones de ganado, alcohol, yerba, tabaco, galleta, vestimenta y uniformes que los gobiernos bonaerense y de la Federación Argentina después, les entregaban periódica –o mejor dicho irregularmente- a los contingentes indígenas que visitaban el enclave del río Negro.

El itinerario se haría con previsión de los paraderos (aiken) en los que encontrarían agua, pasturas, leña y carne.

La caravana de Musters partió del campamento de Río Chico el 15 de agosto de 1869. Su desarrollo, hasta llegar al Río Negro será otra historia.

 

Por Hernán Roly Medina

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