CONTRAPUNTO: Poesía en Patagonia. Urretabizkaya-Urtubey-Burton

San Martín de los Andes, Neuquén. Coordenadas: 49º 9' 24" S - 71º 21' 02" O

 

NADAR EN LO HONDO

 

Cada CONTRAPUNTO es un trabajo de orfebrería fina. No es a falta de poesía y de poetas en la Patagonia, al contrario. Elegir cada pieza, sin embargo, es tarea delicada. No sólo hay poesía que se comparte y se admira, también hay amistad y profundo respeto entre poetas.

Estas joyas que Patagonia CulturaS viene presentando tienen piedras seleccionadas y su engarce además es único. Añiñir es un poeta que “trabaja de obrero” y dos poetas como Spíndola y Costa que “trabajan como facultativos”, lo leen, lo estudian, lo aprehenden y se estremecen. La poesía es un lenguaje que se eleva, como el viento, y deja atrás y debajo las truncas, infructuosas, clasificaciones del mundo.

Doy fe que aun cuando son personas muy reconocidas en el ambiente, dentro y fuera de la región, algunas de ellas no se conocen personalmente. Tal fue el caso del primer Contrapunto que nos trajo a R. Muñoz-Ancalao-Lazzaroni. Las respuestas que da la otra parte que contrapuntea, son un enigma incluso para quien está poniendo su trabajo como tela, pentagrama, papel, soporte al fin de las disquisiciones de quienes se disponen a trabajar sobre su obra.

Rafael Urretabizkaya, escribe guiones para títeres, hace informe sobre aves, escribe sobre un caballito que sí y que no… Hasta hace cantar cosas imposibles al Tata Cedrón. Pero ahora le dio por Nadar en lo hondo, que es como hablar de lo profundo.

Mi querida Silvia (Urtubey), mi estimado Gerardo (Burton), gracias por acceder a este contrapunto de poetas. Creo que ya les dije que les elegí especialmente por su condición de profundidad. Rafa siempre parece una mariposa que le levanta el vuelo antes de posarse… Lo dejo a criterio de ustedes.

ViNuCa

  Nadar en lo hondo de Rafael Urretabizkaya. Voz y musicalización: Anahí Mariluan.

 

Responde Silvia Urtubey

 

¿Dónde está la hondura? ¿Qué superficies recorre antes de abismarse?

Toda hondura es política y es en plural, polisémica, ambidiestra. Propia (tremendamente subjetiva) y, a la vez, universal. Ahoga inmigrantes porque “El hombre es el lobo del hombre”, pero también puede ocurrirle a quien no se ha movido de la solidez de su patio. Hay hondura, por si hiciera falta aclararlo, al interior de una lata de azafrán donde sobrevivo con mi generación. Hay también una mínima expresión de la hondura. Es la que habita la mirada de quien la observa: dice Urretabizkaya que “Siempre alguien mira lo profundo / del agua o del cielo / con un pastito entre los dientes”. ¿Quién le discute al poeta, sin caer en lo ridículo, la expresión mínima, preciosa, introspectiva, pero también “sobradora” de lo profundo en el verso “con un pastito entre los dientes”?

Es quizá, la hondura, un pueblo de la niñez del mundo, un mundo del territorio infancia, una niña desesperada. Un lugar adonde ir, un lugar del cual huir. Paradoja que presta oídos a la poética y a su vez le provee materia ‒no siempre en términos de palabras.

Cuando conocí el mar cada día los adultos nos recordaban, con carácter de lema irrefutable, que “Los que saben nadar se ahogan porque se confían”. No te confíes, completaba yo para mis “adentros”.  Ahora Rafael me advierte de algo que complica más las cosas: que “Nado en lo hondo / conociendo que nado en lo hondo.” No lo sabe, pero habla de mí. El poeta se hace responsable de su riesgo, se consume y cuenta con los instrumentos materiales que le dan de respirar. Respira ese entrenamiento prenatal, esa capacidad, esa habilidad que le ofrece su organismo primigenio:

Cuento con ustedes

brazos

pecho

cuento con vos pulmón

piernas

reflejos

Primero le llega al recién nacido el baño de sostén y de palabras. Luego se impone una experiencia enriquecida con las formas de la niñez y el pan de la memoria. Si hay cerca un árbol, una orilla, una calle, florece la erudición muscular, el impulso kinésico se robustece. Más tarde sobreviene ese “cuerpo” de experiencia sensorial del que Rafael da llana cuenta en algunos versos “motrices”: cuento con vos / primer triciclo / envión… Sabe, el poeta, que sabe. Que tiene ese saber, ese poder, y ese no saber, ese no poder que le proveen las palabras.

cuento con ustedes

palabras y la sal de esas palabras

que junté para alguien

a quien nunca entregué.

 

La hondura está en los bordes de esa cadena alimentaria ‒sin embargo, transversal‒ de peligros, de fantasmas persistentes y de un tiempo que nos excede con sus especies, sus culturas, sus tracciones, sus destinos.

 

Para algunas personas lo hondo es peligroso

para algunos peces lo bajo es peligroso

para algunas personas hay peces peligrosos

para algunos peces la gente es peligrosa.

 

¿Lo profundo, puede verse realmente? ¿Dentro o fuera?

Se está en la superficie de lo provisorio siempre. ¿Qué es el abismo sino asomarse hacia adentro? Se bucea buscando un anillito, un grano de polen, un silbido, y se regresa en una cabriola que esquiva la locura. Una ráfaga de la pobre finitud nos ampara de la angustia de lo eterno, hace temblar lo frágil de los dientes, de los huesos, de las sombras y, con el peso de una avioneta que escribiera en el cielo, cae y nos aplasta.

Conque quizá la hondura no sea, para el autor, solo una cosa, una categoría, una cualidad; y, dilatando un poco más el lenguaje, llegue a ser “lo” otro,

Nado en lo hondo.

Nada en lo hondo.

Todo en lo hondo.

 

“Di tu palabra y rómpete”, convence al poeta el bueno de Nietzsche. Urretabizkaya entonces traspasa el ramaje de “lo” otro, lo tensa, desespera en el pasaje, atraviesa mi propia condición de contrapuntista. Convierte a la hondura en “El” Otro. Un ser vivo la hondura. Capaz, como los peces, de atributos humanos.

Nada de esto le preocupa a lo hondo,

que espera

como un pez espera la hora de la siesta…

 

Que solo se ve la superficie y los bordes parece decir R. U. Lo que subyace, lo que se forma en remolinos, mareas, quietudes, incluso la gran fauna, la extraña vegetación, es un imaginario, un repertorio de conjeturas: “sería más verdadero / decir que lo que vemos / es la parte de arriba / y las costas que sujetan su nombre”. A eso que no sabemos si miramos o si nos mira, se lo curiosea, hay que afrontarlo mediante estrategias de “pispeo”; se trate de cualquier forma natural del agua, se trate de alguien de nuestra especie “Como cuando decimos conocer a una persona / porque de lejos le sacamos el modo de tranquear / o porque la vemos pasar de vez en cuando / o porque duerme con nosotros”.

 

Además de las tremendas aguas con que cada época y cada lugar recibe a sus recién llegados ‒que, mamíferos al fin, en el agua vivimos hasta nacer‒, cada quien nada, sobrevive, se hunde y regresa o se ahoga en otras honduras más propias, la gran metáfora, aguas que le son, muchas veces, demasiado conocidas. En este sentido, el poeta marca territorio real y simbólico. Nos deja ante la presencia brutal de su argumento, y sin más para acotar que credo quia absurdum.

Abrí los ojos bajo el agua

y vi que no veía;

que no veía

vi.

 

Cuando es inexorable la caída, ¿cuál es el hacer?

El hacer de la caída es la caída. Ante lo inminente recomiendo ‒sin ninguna autoridad‒ atravesarla como a una cortina de vual y rogar para que nos reciban abajo las arenas blancas de un nuevo amor. Guardo en mi memoria unos versos de Emily Dickinson a la espera de que un día caigan por su propio peso en un dulce acápite: ¿Es la Dicha un Abismo por lo tanto / que no me deja dar un paso en falso / por miedo a que el calzado se me arruine?

Hay caídas que son de una gran belleza. Hay otras en las que al principio una atina a repasar su parlamento como una actriz de reparto hasta que escampe: “Señores, la muerte está servida”. “No mires para abajo” es la recomendación que hacemos a lxs niñes ante una experiencia lúdica de vértigo como lo alto del tobogán, el último escalón de un faro, el mirador del cerro Campanario. Les será útil luego, los salvará de ser mirados por el abismo.

 

¿Qué sentidos son los que toman lugar en la oscuridad cerrada?

Lo blanco sobre lo blanco, la ausencia de contraste entre el fondo y la figura, son artilugios poéticos poderosos. “Nadar en lo hondo” es también una experiencia de oscuridad. Hay un énfasis en la sonoridad no de las palabras sino de lo que narran las palabras: en el abrazo del agua y en el movimiento de esa ceguera contingente. Los fantasmas, sin duda, portan esos sonidos y esos sentidos del poema. Lo mejor de los fantasmas es que son oscuros como la oscuridad.

 

¿Cuál es la búsqueda –si es posible- en esa cerrada oscuridad? ¿Qué esta, allá, en lo profundo?

En la superficie, “crol”. Y una repetición móvil que abastece al nadador: “Voy en crol / de la costa a la piedra, / escucho el aire / escucho el agua, / escucho el aire / escucho el agua, / escucho el aire / escucho el agua, / escucho el aire / escucho el agua”.

En lo profundo, el cotidiano. Las pérdidas. La noche en el barrio. La infancia y sus recaídas. Un juego de naipes. Las catástrofes primitivas del cuerpo: un nacimiento, un parto, la muerte.

En la superficie, “crol”. En lo profundo, perrito. Resistir, eludir la corriente del ahogado.  “Pasa flotando sin esfuerzo” (…) “con el corazón lleno de cumbia” (…) Nadar en lo hondo. Y, sobre todo, en lo profundo disimular el tajo, no sangrar, por si un tiburón anduviera cerca.

 

Vos, has tocado el hueso en tu escritura, hundiste la mano en la carne y leíste después tus poemas manchados en sus hojas con sangre de mutilaciones catalogadas. Urretabizkaya –dice que-: “Pasa flotando sin esfuerzo”; “con el corazón lleno de cumbia”; “con un pastito entre los dientes”, y habla de Nadar en lo hondo¿Qué tan hondo se puede nadar con esas palabras?

Dice el poeta de Nadar en lo hondo una verdad irrefutable. Que “para poder flotar / hay que creer que eso es posible...” Los efectos de esa premisa serán benignos algunas veces. Pero, aun así, a la larga, siempre se está a solas. Podemos ejercer más o menos una pulsión de agarre y hasta gozar agarrándonos. Flotar e incluso nadar; pero siempre, al inicio y al final, se está a solas, desesperadamente a solas.

 

En su “Teoría de la flotación”, hace varios postulados; ¿podés refutar alguno y refrendar otro?

El poeta confirma que no hay destino petrificado y que hay un azar, pero también una autoría, un credo poético en el que toda picadura, todo tormento, se combate con la propia brazada, la patada instintiva, el aire que se aspira con solo boquear.

“si el cuerpo de arriba

ama y teme

puede que flote,

se hunda

o que aprenda a nadar en un instante”

 

¿Qué es la identidad?

Un gajo del riachuelo prendió en la estepa, algo de la identidad sobrepasa las definiciones académicas, injerta esquejes de una lengua en otra, se atornilla fuera de la moral. Un gajo del riachuelo prendió en la estepa lejos del mar que devuelve los cadáveres. A quien recién llega y roza las orillas del Nahuel Huapi, la advertencia iniciática le informa: “¡Ojo! si te traga, no te devuelve”. Nadie, continúa el saber popular, ni un buzo especializado, ha tocado el fondo de la profundidad de este lago y además las truchas son devoradoras que te comen hasta dejarte solo el caracú. “Si te traga, no te devuelve”. La palabra inaugura el hecho.

“Es el fondo, te digo

lo último

lo hondo”

 

Y la Patagonia, ¿qué es?

Patagonia es una batalla cotidiana que me duele y me ha dolido desde antes de nacer. Batalla entre belleza e injusticia. Nieve que encanta o que hunde.

El fondo puede estar allá, imposible,

o ahí nomás…”

 

azafrán

"Hay hondura... al interior de una lata de azafrán..."

 

 

 

Responde Gerardo Burton

 

¿Dónde está la hondura? ¿Qué superficies recorre antes de abismarse?

Lo hondo es el transcurrir del tiempo, son esas semillas que esperan la primavera, es lo último. Urretabizkaya no lo dice, pero es un cierto más allá que se ahonda, que ahonda el presente, lo perfora y va, como un rayo, como un relámpago, hacia el otro lado. Sin embargo, no es un sitio, es la imprecisión, es algo que no tiene nombre. Va por arriba, por “la parte de arriba”, se desliza como si fuera un surfista pero ahí engaña, cambia de perspectiva: no es un surfista, camina sobre el agua, pero tampoco.

 

¿Lo profundo, puede verse realmente? ¿Dentro o fuera?

Urretabizkaya es un prestidigitador. Dice la palabra, pero la palabra recién estuvo. El significado cambió apenas se dijo la palabra. ¿Queda el significante? Tampoco, el truco es la prestidigitación: mirar lo que está donde algo acaba de irse. Si deja el vacío, y si ese vacío es un dentro o un fuera, no se sabe. Urretabizkaya tampoco, lo sugiere, lo arroja por ahí. Lo que vemos “es la parte de arriba/y las costas que sujetan su nombre”. Más adelante dirá que nada en lo hondo. Pero es otra historia. ¿Qué es lo hondo? Quizás, sólo “pispiar” a una persona, “porque de lejos le sacamos el modo de tranquear/o porque la vemos pasar de vez en cuando/o porque duerme con nosotros”.

 

Cuando es inexorable la caída, ¿cuál es el hacer?

Dejarse llevar, como en el poema “Vi”. Es ese estar y no estar, ser y no ser, buscar y no buscar. Hay una corriente irresistible –de agua, y es río; de tiempo, y es vida; de aire, y es viento; de palabras, y es poema-. Como en ciertas oraciones letánicas, la repetición hace el sitio para que la epifanía ocurra: “Abrí los ojos bajo el agua/y vi que no veía;/que no veía//vi”.

 

(Gerardo sintetiza una respuesta de tres preguntas; es acaso el devaneo de su pensamiento que oscila en los surcos que deja la cadera de un gran pez. Cuando le menciono que tocó el hueso en su escritura, hundió la mano en la carne y leyó después sus poemas manchados en sus hojas con sangre de mutilaciones catalogadas. En tanto que Urretabizkaya dice que "pasa flotando sin esfuerzo"; "con el corazón lleno de cumbia"; "con un pastito entre los dientes". Y habla -ahora- de Nadar en lo hondo).

¿Qué tan hondo se puede nadar con esas palabras?

¿Qué sentidos son los que toman lugar en la oscuridad cerrada?

¿Cuál es la búsqueda –si es posible- en esa cerrada oscuridad? ¿Qué esta, allá, en lo profundo?

Urretabizkaya hace una poética de lo obvio: dice qué ocurre, qué se ve. Es como una pantalla que muestra lo que hay –“lo que hay es lo que ves”, afirma Charly García-. Pero esta obviedad es una trampa, o quizás mejor, un anzuelo. Funciona como los haikus, que sólo hablan de la realidad, sólo intentan captar la imagen.

Pero luego ¿es cierto que hacen sólo eso? Y entonces se cae en la cuenta. Es la intención de Urretabizkaya. Las palabras de sus poemas aparecen dibujadas en el plano, sea éste papel o la pantalla de cuarzo. Pero ese dibujo no es nadar en la superficie.

Es una invitación, un camino, una hendija por donde se puede nadar en lo hondo. No se pregunta Urretabizkaya para qué, ni lo plantea. Es algo que ocurre, simplemente. Y su consecuencia es la profunda comprensión de que todo es uno: animales, plantas, piedras, gentes. Ése es, acaso, el verdadero dios desconocido del que hablaba Pablo en Atenas, según los Hechos de los Apóstoles.

 

En su “Teoría de la flotación”, hace varios postulados; ¿podés refutar alguno y refrendar otro?

Es cierto que el temor atenta contra la posibilidad de la flotación. El temor, y también la indiferencia, la no conciencia: “los titanics están más profundos”, y lo mismo ocurre con todo aquello que muere, que se descarta, que pierde su existencia en tesoros, latas, coches, camiones. Hojarascas de lo cotidiano que se hunden, que se pierden. “El cuerpo de arriba ama y ríe”, dice el poeta. ¿Es el cuerpo celeste, el cuerpo de la redención? No se sabe. Es una cuestión que debe resolver el lector, una incógnita a despejar por el oyente del poema. ¿Y más, hay un oyente o el poeta habla para sí? Este interrogante permanece a lo largo del poemario: ¿busca un interlocutor o es él mismo? Ese yo está diluido en un cierto hacer. En efecto, el ser es acción: flotar, nadar, creer, temer, sospechar, amar. Pero sobre todo nadar. Hay un solo riesgo, y en esto recuerda a Viel Temperley –“Vengo de comulgar y estoy en éxtasis,/aunque comulgué como un ahogado”, en Crawl, por Héctor Viel Temperley-.

 

¿Qué es la identidad?

Queda entonces, una duda más: si el yo poético se confunde, se funde con quien narra, con quien ve, con quien exhorta a observar y a contemplar. O si, por el contrario, hay una distancia insalvable, y entonces hay una máscara que protagoniza el drama que plantea Urretabizkaya. Éste es el dilema de la identidad en el poema.

 

Y la Patagonia, ¿qué es?

En el trámite de responder por la obra de Rafael Urretabizkaya, hablar de Patagonia resulta muy interesante. Hay tantas Patagonias cuantas miradas poéticas existen sobre ella. Y no sólo poéticas, pero en este caso estamos hablando desde la poesía. Quizás la historia, las ciencias sociales, la geología, la economía, puedan hablar de una Patagonia y sus recursos, sus gentes, sus pueblos. Sin embargo, la mirada poética le añade una pizca imprescindible: se puede hablar de magia, de misterio, de mitos y de relatos que se pierden y se encuentran en las inmensidades recorridas, acariciadas por los vientos. Hay una Patagonia que se vive en la cordillera y otra en la meseta y otra en los valles y otra en la costa. Y entre todas, se puede construir una imagen que sigue sin ser apresada, que se escurre. En primer lugar, la Patagonia es una red de poetas y escritores que se nutre de solidaridad, creación y producción original. Luego, una historia de pueblos anteriores a nosotros que subsisten, increpan y otorgan una identidad definida, valiente, brava. Y por fin, una pluralidad de voces, ideas, músicas, arte que tiene su raíz en el paisaje de coirones, cuarzos y ónices y en la historia, y se proyecta en el tiempo. Patagonia es lo que hacemos de ella, y lo que ella hace de nosotros.

 

Rafa saco rojo recorte y filtros

"Urretabizkaya es un prestidigitador".

 

 

 

NADAR EN LO HONDO

de Rafael Urretabizkaya

 

Nadar en lo hondo dibujo

Ilustración Gabriel Martino

 

El fondo

El fondo puede estar allá, imposible,

o ahí nomás

montón de más errático

que un libro perdido en un despiste

la media impar

las dudas de un día martes

un sobre con semillas esperando primaveras detrás de tres botellas.

Es el fondo, te digo

lo último

lo hondo

la imprecisión es su apellido,

aunque él está exactamente ahí,

en algún lado.


Lo que vemos

Tal vez no deberíamos decir,

“miro el mar”

“miro el río”

“miro el lago”,

sería más verdadero

decir que lo que vemos

es la parte de arriba

y las costas que sujetan su nombre.

Pero decimos que ahí está

                          que lo vemos

aunque solo pispiamos

rastros de una piel inconstante

                          reflejos.

Como cuando decimos conocer a una persona

porque de lejos le sacamos el modo de tranquear

o porque la vemos pasar de vez en cuando

o porque duerme con nosotros.

 

 

Desde lo alto

Desde el puente y de cabeza.

Ahí está el agua

allá las risas

aquí el vértigo en la panza.

Tal vez el agua tenga la profundidad que hace falta

tal vez un bajo temerario.

Nada de esto le preocupa a lo hondo,

que  espera

como un pez espera la hora de la siesta,

desentendido de la persona de allá arriba

como si el tiempo no anduviera.

Tal vez el hombre salte

tal vez no.

Esto poco le importa a la vida que ni frena

y mucho menos, para salir en esa foto.

 

Las preguntas

Va por arriba del agua en lo bajito

va por arriba del agua en lo profundo,

no hacer pie es suficiente

para ser llevado de la mano

por la luna,

                     la marea,

                                        el instinto.

Va por arriba

como esas preguntas

que por solo existir ya le dan cuerda a la mañana.

 

 

Vi

Abrí los ojos bajo el agua

y vi que no veía;

que no veía

vi.

 

 

Lo que sostiene a flote

Nado en lo hondo

conociendo que nado en lo hondo.

Cuento con ustedes

               brazos

               pecho

cuento con vos pulmón

                piernas

                reflejos

cuento con vos

                 primer triciclo

                 envión

acacia del patio de la calle Dorrego,       

cuento con ustedes

        palabras y la sal de esas palabras

        que junté para alguien

       a quien nunca entregué.

 

 

Nado en lo hondo

Nado en lo hondo,

entre naufragios, soles y barriletes

que amansan tiburones y tigras.

Nado en lo hondo.

Nada en lo hondo.

Todo en lo hondo.

 

 

Sobre el origen de la Arena

Ahí viene un pez espada

afilado

mortal

astuto

incandescente.

Pasa la nadadora

patea el agua

canta

lo ignora de pe a pá

(todamente vacío de amenazas su corazón bombea cumbias)

Un pez espada,

una mujer,

el sol derrite viento para hacer otro cachito de arena.

 

 

Crol

Voy en crol

de la costa a la piedra,

escucho el aire

escucho el agua,

escucho el aire

escucho el agua,

escucho el aire

escucho el agua,

escucho el aire

escucho el agua.

Así sigo y sigo pero no hay caso,

son demasiados cursos para aprender a hablar idiomas

ninguno para oírlos.

 

 

Pasa una naranja

Pasa flotando una naranja

escapada de un pic nic

que ya no contará con ella,

salida de una canasta

que la llevó como una cuna

lleva al bebé perfumado de infancia.

Pasa flotando sin esfuerzo

tiene color para pintar por dentro

caracoles con música.

Pasa flotando

como pasa el amanecer

intentando convencer a la noche que se suelte de una vez.

 

 

Lo peligroso

Para algunas personas lo hondo es peligroso

para algunos peces lo bajo es peligroso

para algunas personas hay peces peligrosos

para algunos peces la gente es peligrosa.

Para algunos lo mucho

para muchos un poco,

y así podríamos seguir.

Siempre alguien mira lo profundo

                          del agua o del cielo

con un pastito entre los dientes

así nomás,

     como si no salvara el mundo.

 

 

Teoría de flotación

El agua más profunda está más fría

los tesoros están más profundos

las latas vacías están más profundas

los titanics están más profundos

los cofres están más profundos

las cubiertas de coches y camiones, más profundas

algunos muertos están más profundo

para poder flotar

hay que creer que eso es posible.

Y saber,

si el cuerpo de arriba

sospecha lo de abajo,

flota

si el cuerpo de arriba

teme a lo de abajo,

se hunde

si el cuerpo de arriba

teme a lo de arriba,

se hunde

si el cuerpo de arriba

ama al aire con vientos y nubes y todo

aunque por esto se tsunami de emoción,

flota

si el cuerpo de arriba

ama y teme

puede que flote,

se hunda

o que aprenda a nadar en un instante

si el cuerpo de arriba ama y ríe

vuela.

 

burton en cepiaGerardo Burton, porteño y geminiano nació en 1951 –para bien-; pero se hizo patagónico y específicamente neuquino, hace ya un cuarto de siglo. Mantuvo su signo zodiacal.

Estudió literatura, filosofía y teología, en Filosofía y Letras de la UBA y en la Universidad del Salvador.

Trabajó como periodista especializado en varios medios de la capital neuquina y de la zona del Alto Valle en columnas sobre política, economía y cultura. Recibió el Primer Premio a la Excelencia Periodística por su trabajo con las pequeñas y medianas empresas de la región del Comahue.

Es el fundador de La Cebolla de Vidrio Ediciones; traductor de  poemas y artículos de autorxs y del francés e inglés. Su obra fue incorporada en numerosas antologías. En 2010 publicó el volumen “La piedra y la raíz. Reportaje al nuevo mundo” —artículos periodísticos sobre poesía, literatura y arte— y en 2017 “Crónica del subsuelo. El petróleo en Neuquén 1918-2013”. Poesía: “Poemas iniciales”, “18 poemas azules para María”, “Con la esperanza delante”, “Los juegos ocultos y corazón de aguas”, “Infierno sin umbral”, “Aire de penumbras”, “Radiofotos”, “Obra junta” —recopilación de lo difundido hasta 2006, editado por la Municipalidad de la ciudad de Neuquén en 2007—, “Tranvía 4” y “Heridas que no cierran” (2017), donde conjuga poesía y labor periodística, con la crudeza de femicidios perpetrados entre 2016 y 2017 en Argentina. Publicado por Espacio Hudson.

 

Silvia Urtubey, dizque nació en Capital Federal –lugar que no existe-;

alguien comenta que su infancia la vio observar y guardar Urtubey Dinaen Valentín Alsina, barrio malevo; ella insiste en que es de Dina Huapi (donde parece que nació de nuevo), pero yo sé que su corazón es de Lanús.

Algo de lo que observó y guardó, la llevó a formarse para prevenir a las infancias y desarrollarlo como docente en Educación Inicial, también formó futurxs colegas en institutos de nivel terciario.

 

Prologuista, editora, redactora y correctora de estilo, coordinó proyectos autogestivos, que fundó con colegas de la literatura; varios de estos trabajos editoriales visibilizan a poetas de la región: “Revista Cultural Vientos del Este”, “Café Literario del Lejano Este” y los trípticos de “Yuyos Malditos” (disponibles en la web: https://silviaurtubey.wixsite.com/yuyos-malditos).

 

Entre sus numerosas premiaciones, en 2016 obtuvo el primer lugar de la Convocatoria Literatura Anual del FER, con su poemario “La rebelión de la muda”; forma parte de la antología “Transversal, poesía contemporánea de Río Negro”, antologada por la poeta Graciela Cros; publicó “Rayas blancas sobre fondo blanco” (Ediciones del Dock, 2019); y en los últimos días de agosto de 2020, recibió el libro de cuentos "Recuerda que has de morir"; obra que  había sido seleccionada en la Convocatoria Literaria Anual del año 2018 en la categoría narrativa-cuento. Cuya entrega estuvo a cargo de la directora del FER, Eliana Navarro.

 

Urtubey junto a Ariel Navalesi desarrollan la página Grillo en la Luna. Ver:

 https://www.patagoniaculturas.com/es/perdidos/194-infancias-habitar-el-espacio-familiar-del-juego-en-cuarentena-silvia-urtubey-ariel-navalesi.html

 

 

 

Rafa Informe de aves recorte

Rafael Urretabizkaya

En su Autobiografía no autorizada (dice) que nació en Dolores, provincia de Buenos Aires, el 8 de octubre de 1963.

También, que “escribir es escuchar”, y que “las mariposas, cuando toman conciencia de su pichín de vida, tiemblan. Tiemblan y salen por el aire”.  

Vive en San Martín de los Andes desde 1983.

Biografía completa en: 

 https://www.patagoniaculturas.com/es/95-patagonia-culturas/289-sue%C3%B1os-enredados-y-en-la-ruina-paz-urretabizcaya.html

 

Fotografía: Imágenes tomadas de la red.

La foto de portada "Bosque Sumergido" (Traful) es del ph. Sergio Massaro. 

Como estudiante de Ciencias Biológicas y trabajando como buzo científico en campañas de investigación en la Patagonia, se inició en la fotografía submarina en forma autodidacta. Su obsesión por tomar imágenes debajo del agua me llevo a recorrer los espejos de agua de Argentina, desde los ríos de montaña en Salta, Esteros del Iberá,  diques de la región central, Lagos de los Andes, la costa marina patagónica, desde Río Negro,  hasta las gélidas aguas del Canal de Beagle en Tierra del Fuego. Imágenes que comenzaron a ilustrar numerosos diarios y revistas nacionales y del exterior.

Desarrolló y sistematizó un método de enseñanza de fotografía subacuática, que lo llevó a dar clases de la especialidad en más de treinta centros de buceo en todo el país y organizar campeonatos de la especialidad en Las Grutas y Puerto Madryn y un Encuentro anual de Fotógrafos Subacuáticos de Argentina, desde 2015.

Participa como jurado en numerosos eventos entre los que se destacan, Competencias Internacionales en Cuba y Chile, como así también Campeonatos Mundiales de la especialidad de Fotografía submarina. Es Director de la revista de fotografía de naturaleza Rhea.  https://escueladefotonaturaleza.com/

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