AQUÍ: EN LA PATAGONIA COMO EN LA PATRIA GRANDE. Cine recomendado por Fernando Barraza.

Llanquihue, Los Lagos. Coordenadas: 41º 15' 35" S  - 73º 00' 39" O

Monterrey; México (Norteamérica). Coordenadas: 25º 41' 55" N - 100º 19' 01" O

Cuando en la nota Editorial "Latitudes"  ( https://www.patagoniaculturas.com/es/editorial.html ) se establecieron los límites de la región que abarcaría nuestra revista, respecto a cuáles serían las prácticas que recogería dentro de la -ya por sí- ilimitada región patagónica, establecimos que "Cartográficamente entonces Patagonia CulturaS, toma como límite norte de la región el paralelo 35ºS, que contiene en su totalidad a la provincia del Neuquén, sur de Mendoza, la casi totalidad de la provincia de La Pampa, y el sur –si sus pobladores así lo desearan- de la provincia de Buenos Aires, en su lado Este de la Cordillera de Los Andes. Por el lado Oeste, con el mismo paralelo se incluirá al sur de la VIIª Región, incluyendo a Talca y su zona de influencia hasta el sur continental. O bien a quienes cuyos ojos caigan por los bordes, de tanto mirar a las estrellas."

Inquieto, curioso, con un apetito desmesurado por conocer, Fernando Barraza nos pegó un sacudón que de golpe, de la apacible Llanquihue, nos encontró bailando en patas sobre las brasas de la apremiante Monterrey, ciudad insomne de México, Norteamérica. 

Así es que nos desbordamos de los límites y le rozamos el sur a sus vecinxs de más arriba. Intensa experiencia que vale el regocijo de conocerse.

 

aquí películas

 

Decime si exagero

En el mes de julio, la plataforma de la N estrenó dos películas latinoamericanas que cuentan la vida de sendos hombres exiliados -uno entrando a la juventud, el otro saliendo de ella- que nos invitan a reflexionar sobre cuál es el lugar que nos merecemos como individuos.

Lo primero que hay que destacar a la hora de mencionar ambas películas es que las dos tienen un título muy parecido, y que la palabra que los hace similares es “aquí”. Prestemos mucha atención a este detalle, porque esa palabra no es menor, todo lo que representa es fuerte:

Aquí es “presente”, también es “el tiempo que está transcurriendo” y además puede ser también “el lugar que habita uno”. Todo eso. Aquí, si unx se pone a pensar, es una de las palabras verdaderamente importantes de nuestra lengua.

Lo segundo que hay que destacar es que cada una de las historias tiene como nudo neurálgico cada uno de los extremos de la Patria Grande: Monterrey -el límite mismo con el imperio- la una, y la Patagonia del lado de Gulu Mapu (Chile) la otra. La Cordillera, nuestra columna vertebral, es la gran testigo de ambas películas. No es un dato menor, pues localiza y focaliza el “aquí”.

Lo tercero es señalar que estas producciones se centran en las historias de dos personas que –en sus propias interpretaciones de los mundos que habitan- terminan por explicar sus sociedades. Viendo los dos films, tenemos mucho más que a dos protagonistas solitarios (lo son, pero no es lo importante), hay mucho más que dos puntos de vista subjetivos de las cosas. En ambas películas, mirando exclusivamente con los ojos del protagonista, tenemos un auténtico Imago Mundi del todo. “Siendo” ellos, somos todos.

Por todas estas cosas punteadas, ambas películas quedarán en la historia importante del cine latinoamericano, más allá de lo que en un futuro decidan hacer los dos directores que -para más puntos en común- son los dos “nativos digitales” y ambos han hecho todo su recorrido en el mundo audiovisual y del cine en esta, nuestra era digital. Este último dato tampoco es menor, pues trae consigo un manejo natural y total del lenguaje visual propio de nuestra era. Nacieron en la posibilidad de contar naturalmente las cosas con estas herramientas, no son directores que se hayan tenido que aggiornar. Quiero decir: estos muchachos no son Scorsese; pero no solo no lo son porque no haber llegado aún a ese “escalón” de la fama y el mito, sino que no los son, porque son OTRA GENERACIÓN y traen “puesta encima” la estética, el ritmo y la dinámica de nuestra época de audiovisuales en redes, pero han sabido “ocultarla” con mucha sutileza, belleza poética y solvencia narrativa dentro del más tradicional lenguaje cinematográfico.

 

Así como a finales del siglo pasado Ken Russel, Jean Pierre Jeunet o los Hermanos Cohen convirtieron en excelente cine el lenguaje del video clip, o a principios de este las Wachowsky, Park Chan Wook o Gus Van Sant hicieron del lenguaje visual de los videojuegos un cine superlativo, este es el turno de esta generación (que va de los cuarentialgo a los veintimonedas) de traer desde las redes sociales un cine distinto, con algún anclaje en esas imágenes fraccionadas, sí, pero con una riqueza fotográfica y climática antagónica, tan distinta a esa estética, tan reflexiva como el cine mismo, en el tradicional sentido de la expresión.

 

01 – La historia de Ulises

 

Ulises

 

Veamos un poco de cerca “Ya no estoy aquí” y partamos desde su héroe. Que Ulises se llame Ulises no es una casualidad. Como aquel héroe del periodo troyano, que parte de modo intempestivo desde su Itaca, este Ulises tendrá que hacer lo mismo desde su Monterrey natal. Con apenas 17 años de edad, y habiendo quedado en medio de un criminal malentendido, este general de su propia tropa fraternal de cumbierxs (“Los Terkos”, mamita qué nombre tan emblemático, ¿no?) saldrá disparado a la aventura adversa que existe en el exilio tras la frontera que divide su Monterrey natal con Gringolandia. Tal y como hemos asegurado en el preámbulo de esta nota, todo lo que vea Ulises en el recorrido entero de la película no es “su punto de vista de las cosas”, sino que ES EL MUNDO. Allí está lo verdaderamente importante de esta obra, que es mucho más trascendente en lo que expresa que en lo que cuenta (y lo que cuenta es bello, ojo, eh). Para que esto suceda, para que la película sea una auténtica puesta en escena del mundo, hay que sacarse el sombrero frente al impecable guion de Fernando Frías (quien también dirige, claro). En su película, como ya aseguramos más de una vez, tenemos aprehendido al mundo (la sociedad toda) desde el punto de vista de un muchacho “Kolombiano”; así se llamaba la tribu urbana que hace quince o veinte años bailaba cumbia colombiana en Monterrey, ataviadxs como hip hoperos, sí, pero en una cruza ancestral con los pueblos originarios Tarahumaras, Huicholes, Mazahuas, Otomiés, Purépechas, Mexicas, Nahuas o Yaquis (todos del norte mexicano).

 

 

Sin cometer spoiler alguno podemos decirle a quien no haya visto el film, que Ulises está condenado de manera desgraciada y fortuita a ver el mundo más allá de la confortabilidad de su propio entorno, que es duro, pero es suyo. Ulises deberá ver el resto del mundo por la fuerza. Eso es fuerte.

Frías te muestra este recorrido, catártico -igual al del Ulises de La Odisea- sin caer en ningún (pero ninguno, eh) golpe bajo. La ausencia de golpes bajos para contar una historia de los márgenes –sin dejar de retratar excelentemente bien- es su primer gran logro. El segundo es mostrarte tan claramente cómo –en una sociedad global trepidante como la que vivimos- un mundo, una sociedad, un lugar, puede cambiar radicalmente en solo un par de años si nos dejamos estar. La escena final de la película –uno de los mejores finales del cine en muchos años- les arrojará en la cara esa reflexión.

No es cruda, pero es potente. No es efectista, pero sacude. Una gran película basada en un gran personaje.

 

 

02 – La historia de Memo

 

Memo

 

Bueno, no quiero ponerme pesado, eh; pero las coincidencias entre las dos películas continúan. Que Memo –el protagonista de “Nadie sabe que estoy aquí”- se llame Memo, tampoco es una casualidad. En ese sentido Memo es como Ulises: su nombre es emblemático. Más si Ulises es el Odiseo que tiene que aprender obligado por el viaje desde Itaca y hacia Itaca, el caso de Memo trae una ambigüedad que el nombre de Ulises no tenía, pero que a Memo le sirve para definir por completo a su personaje: si buscamos Memo en el diccionario, tendremos por un lado la acepción que da cuenta de “persona de pocas luces, sin condiciones ni cualidades de entendimiento”, pero por otro tendremos que memo es el prefijo que –con su raíz etimológica en el latín- da cuenta de la memoria, la inteligencia y el discernimiento del orden de las cosas que se planteen analizar.

Así es Memo, el de la película: las dos cosas. La sociedad lo posiciona en la acusación de ser un Memo, pero en realidad es otro Memo.

Hilada de manera sutil, tanto que no conviene contar demasiado de la trama, “Nadie sabe que estoy aquí” cuenta la historia de Memo, que vive en una isla de la Patagonia de Gulu Mapu (Chile), solo, bien solo con su tío. ¿Por qué viven los dos solos? Memo oculta forzosamente (recuerden que Ulises también fue forzado a vivir de una manera que él no quería) un pasado que va desovillándose a medida que avanza la trama.

A pesar de estar solos con Memo y su tío durante casi todo el film, en esta “desmadejada total” que es la ópera prima del excelente y joven director chileno Gaspar Antillo, vamos viendo al mundo todo a través de los ojos de Memo. Todo.

Contada a un ritmo piu lento, la película también va creciendo en rítmica a medida que se acerca al final. Cada tanto la película pega un “salto de velocidad”, como si ahora estuviéramos viendo en internet un video de carrera de bolitas, y ahora uno de un bebe durmiendo, sin solución de continuidad, como solemos hacer en el tiempo que ocupamos las redes sociales. En ese sentido Gastón es un moderno, por eso hoy hablábamos de los Cohen, les Wachowsky, etcétera etcétera. Antillo y Frías tienen el lenguaje de esta época: muy variable desde sus guiones hasta sus secuencias, pero perfectamente hilado.

 

 

No es mucho más lo que se pueda contar sobre el film de Antillo, porque ya caeríamos en una arruinada total de la trama; así que vamos finalizando esta recomendación, que es doble –sugiero ver ambos films en un mismo sentido-, diciendo que tanto Memo como Ulises tienen una característica importantísima que se remarca notablemente en ambos guiones: los dos son bien pero bien REALES, no son personas “consolidadas” a través de la validación de sus personalidades en las redes. Son dos hombres (hombre y hombrecito) bien definidos en “el afuera” de la virtualidad. Son esenciales. Parece una pavada señalar esto, pero es notable –y más, tras esta pandemia global- cómo una mayoría cada vez más grande de personas han dejado crecer su yo en redes para descuidar un poco (o mucho) al otro, al de “la vida real”. Estos dos vatos (muchachos), que son dos personajes bien pero bien ideales para crecer en la virtualidad y gracias a ella, son en cambio dos héroes que solo pueden ser –como Odiseo- gigantes en su aldea, en su “aquí”, en la vida misma que eligieron para SER, a pesar de las adversidades impuestas.

Bellas, tiernas, profundas, sencillas y bien latinas, las dos películas pueden ser una excelente oportunidad para –tras su visionado conjunto- sentarse a reflexionar de qué madera estamos hechos en una sociedad que va a la velocidad a la que va la nuestra. En ese sentido, con historias excelentemente bien contadas, ambas traen luz al respecto. Parecen la historia de dos héroes a contramano, dados vuelta, pero: no son ellos los que están dados vuelta.

Vos velas, a las dos, y después… ¡decime si exagero!

Fernando Barraza

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N de R: Patagonia CulturaS agradece a la revista digital @vaconfirma.com.ar 

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