ORILLAS DE URBANIDAD. TANGO EN LA PATAGONIA

Trelew, Chubut. Coordenadas: 43º 15' 09" S - 65º 18' 25" O

 

Todavía no hace un mes, que en una ochava del cableado virtual, nos cruzamos con el poeta Laureano Huayquilaf.

¡Hola, bienvenida (al barrio)! -dice él. Más distraída que apurada, le pregunto dónde estamos. -Yo soy de Trelew -afirma orgulloso, pecho hinchado. ¿Y vos? Todos los barrios que poblé se empujan por salirme de la boca. No los dejo. -¿Estás seguro que es Trelew? Esto parece un barrio de Buenos Aires. Mirá: esta parece una calle de Almagro; ese galpón enchapado por fuera, con portones de madera... ¡Es La Boca, Dock Sud! ¡Hay tango acá?

-Sí -dice renuente y trata de cambiarme la conversa: -Parece que tenemos muchos amigos en común... -Gajes del oficio -le digo y sigo mirando. -¿Qué andás haciendo? -Insiste cortés. -Una revista... y buscando una milonga.

-Acá había patotas de tangueros; hacían bailes en el club Huracán -me informa con tono de viento Sur...

En un instante, todos los pensamientos que me invaden se cristalizan en una sonrisa. -Laureano, desde Trelew, ¿no te gustaría hablar sobre "las patotas del tango" que habitaron tus pagos? ¿Te animás?

-He caminado descalzo sobre arenas de sol; ¿cómo no voy a animarme a escribir unas cuántas cosas de mi ciudad? -Y despunta el lápiz que lleva sobre la oreja. Le doy una página en blanco.

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Como un pedazo de barro entre las manos, la voz moldeada susurra, historias coloridas. Como una sombra clandestina, la imagen grabada en medio de un hilo de agua, que baja de acuerdo a la composición geográfica, de cada barrio de la ciudad.

En este punto al norte de la región, las orillas tienen sus pasos arraigados en la milonga de la semana.

La penumbra de las tardes es como el interminable sonido a fuelle

El estacionamiento a cielo abierto, sostiene las nubes de agua brava en lluvia y a los soñadores que van tomando de la cintura cada palabra.

Perderse por un rato de la vida, esa es la consigna.

Ciudad, me dijeron que bailabas las cuatro estaciones del año. En cada ocasión de movimiento artístico, sale de apurones ensayados una pareja de baile.

Los compases de la tarde, suenan como los tacos de Margot y el bandoneón de Piazzolla.

Y nos vamos peinando al ritmo, del vientito de las seis de la tarde.

La sombra oscura de los alrededores, se potencian con nuestras figuras improvisadas, vamos intentando el rezongo lerdo del Río de la Plata.

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Los pasos iniciales tienen el sabor de baldosas partidas y nos humedecemos aprendiendo.

Las arenas de otros soles. Los cuerpos seducen la brisa y van de la mano por toda la pista improvisada.

Ah ciudad de asociaciones vecinales con la mano sobre el hombro, la mirada pintada y el tiempo un manojo de voluntades infinitas.

Los minutos de las piernas cruzadas y humo de cigarrillo, tiene la sensibilidad del tiempo de todas las edades.

Las voces de todas partes y el amor de agarrarse fuerte y dejarse llevar

Hasta las luces que alumbran poco (lo necesario) te guiñan un ojo.

Las ilusiones se potencian en soledad y de madrugada.

 

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Tal es el caso de Cacho, llegado por estos lares allá por la década del ochenta. Hombre de oficios varios pero instalado de lleno en el rubro de tapicero. Puso a rodar de inmediato sus ideas de hombre de mundo y de luces amontonadas. Había estudiado en el conservatorio de música y enamorado al día de hoy de la guitarra.

Se puso a disposición como animador de fiestas privadas y eventos solidarios, era el auge del polo textil obrero y la ciudad se florecía en propuestas culturales.

Los bares y restaurantes lo vieron en sus escenarios con su repertorio ciudadano y las milongas se iban armando.

“Después que importa del después, toda mi vida es el ayer”

 

Cacho Tango Huayquilaf cuadrado

 

El silencio a veces tiene fragmentos demasiados largos en la historia de personajes como Cacho.

Es así, su espaciado deambular en sus días de sureño asumido.

Me gusta el frío dice y juega sus números de la suerte a la quiniela.

Las noches de humedad y de radio AM, sus ensayos de fogón, su cueva donde dispara notas musicales y entona un par de palabras al azar.

Estoy de vuelta muchachos y se deja retratar con la luz de sus propias manos cuando descuelga del perchero un traje de aquellos años.

 

Todavía lleva entre sus huesos la estampa del cantor arrabalero y esa vieja costumbre de andarse temprano por un café.

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Apasionado se anda en el temblor de su voz y cada tanto improvisa manuscritos de su autoría.

Dejan huellas/ taco alto acompasado/ te vas de milonga/ mi almada/ así están las cosas/ entre vos y yo/ ¡ciudad!/ en cada expresión un cuerpo/ amanecido/ la rota voz del bandoneón/ me trae la pisada/ de otros tacos/ me nostalgia/ ¡ay ciudad!/ suenan las esquinas/ y los pasillos/ de ocasión.

Afuera la ciudad sureña tiembla esos fríos que no se empardan y Cacho ensaya otro manuscrito.

El brillo de la noche/ suena tango/ y la devoción del movimiento/ repercute vidona/ y late/ pasiones erguidas/ se nutren los acordes cotidianos/ sueños entregados la noche/ viene soñando la pena de un olvido.

Hablar de las cosas que van pasando alrededor de una pasión, precisamente nos envuelve de la misma y otras pasiones.

Y Cacho se mantiene apasionado en las cuestiones de un baile bravo, se enredan las voces en las imágenes consumidas

Nos dice, nos interpela y alcanzamos a escuchar

Sombras apretujadas/ en la figura/ la hoja en blanco/ de algún día/ se hace constante/ la pena.

 

Por Laureano Huayquilaf

 

Laureano Huayquilaf 

Laureano (el Chino) Huayqulaf, definitivamente nació en Trelew, Chubut. En 1968, según refieren las actas. 

En su incesante actividad poética ha publicado: Pedregullo; Ciudad cigarro; Aguada de cencerro; Inmigrancia; Profundidos; Gotala; Tierra desnudez; Los cueros de la luna, todos de edición propia. Y: Situaciones líquidas (Proletrarios Ediciones); Pelambre (Cebolla de vidrio).

 

 

Las imágenes son gentileza del autor.

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