Encuentro de culturas. TEHUELCHES Y GALESES.

Puerto Madryn, Chubut. Coordenadas 42º 45' 50" S - 65º 01' 52" O

 

Los más de quinientos años transcurridos desde la llegada de Cristóbal Colón a tierras americanas estuvieron marcados por la violencia del hombre blanco hacia los pueblos originarios. Sin embargo, hubo una experiencia donde lo que primó fue la armonía. Sucedió en la Patagonia.

 

Había una vez, Gales

Gales fue anexado por los ingleses en 1284. Seiscientos años más tarde, en el siglo XIX, en el marco de la Revolución Industrial y la necesidad de explotar los ricos yacimientos carboníferos de aquel país, Inglaterra ocupó efectivamente su territorio y persiguió sus expresiones culturales, incluyendo la lengua gaélica.

Desde entonces, la preservación de la cultura y costumbres sería un anhelo del pueblo galés, y muchos partieron hacia nuevos territorios con la esperanza de conservarlos y fundar una nueva vida en libertad. Un ministro protestante radicado  en los Estados Unidos, Michael Daniel Jones, alarmado por la rápida asimilación de sus compatriotas a la sociedad norteamericana, impulsaría el ideal de construir un país exclusivamente galés. Con ese fin se creó una sociedad para la emigración galesa, creada por Jones en el Reino Unido en 1850 que buscó lugares desérticos donde nadie pudiera desvirtuar su identidad. La Patagonia era, por entonces, un territorio considerado semidesértico, sin autoridades administrativas estables y carencia total de atención sanitaria y escolar.

Sin embargo, como se mencionara anteriormente, allí habitaban los indígenas tehuelches, que ya comerciaban pacíficamente con quienes llegaban a sus costas, o bien viajaban hasta la lejana Carmen de Patagones para colocar su producción de pieles y quillangos de guanaco o plumas de ñandú.

En ese contexto, en una pequeña goleta, llamada La Mimosa, ciento cincuenta y tres galeses emprendieron la marcha a través del océano. En septiembre de 1865 desembarcaron en la zona del Golfo Nuevo. El 15 de ese mes levantaron un caserío, que bautizaron Rawson, en homenaje al ministro que los había apoyado. La falta de agua potable los llevó a internarse en el valle del río Chubut. Llegaron a Puerto Madryn y fueron estableciendo colonias mientras marchaban en busca de un lugar que se asemejara más a aquel que habían dejado en su lugar de origen. Fue así que atravesaron la Patagonia hasta llegar a Trevelin (Tres Molinos), ubicada a pocos kilómetros de Esquel.

 

VELERO LA MIMOSA

Velero La Mimosa

 

Primer encuentro

Antes de tomar contacto con los pueblos originarios los colonos galeses sentían temor hacia ellos, debido a las referencias acerca de los malones que asolaban a las poblaciones de la Provincia de Buenos Aires. Cuenta el Reverendo Matthews: “Al principio, cuando recién llegamos y durante varios meses, nos hallábamos preocupados con respecto a los indios. Si viajábamos de noche o dormíamos fuera en el campo, el grito de un ave era capaz de llevarnos casi al desmayo, pues creíamos que se trataba (…) de un grupo de indios que se acercaba”.

Ese miedo persistió durante varios meses, hasta que se produjo el primer encuentro con los tehuelches. Fue el 19 de abril de 1866. Un colono entró al galope a Rawson dando aviso de que los indios habían llegado. En realidad se trataba tan sólo de una familia, una pareja de ancianos y dos muchachas. Vestían pieles de guanaco y tenían un toldo de cuero sostenido con palos. Traían consigo un gran número de caballos, yeguas y perros. Se trataba del cacique Francisco, un muy importante cacique tehuelche meridional con quien el gobierno nacional trató, dos años antes y ante la inminente llegada de los galeses, negociar la paz a cambio de raciones para las tribus.

Francisco y su esposa, llegaron a la colonia durante una boda doble: la de Richard Jones, Glyn Du, con Hannah Davies y la de Edwyn Cynric Roberts con Ann Jones. La misma tuvo lugar en Plas Hedd (Mansión de paz), chacra perteneciente a Lewis Jones y la ceremonia fue oficiada por Richard J. Berwyn.

El momento fue relatado por el mismo Richard Jones, Glyn Du (1844-1922) y publicado en Y Drafod 1919-1920. Esto dice una de sus notas:

“Cuando se acercaron a donde estábamos, algunos de nuestros hombres prominentes avanzaron hacia ellos y les dieron la mano y después, todos nosotros, uno tras otro, hicimos lo mismo. Después de los apretones de manos, se les dieron sándwiches de pan blanco y bara brith (N de R: una torta con frutas sobre cuyas bases se elabora la actual torta negra galesa)  pero no tenían la menor idea de que eran esas cosas porque nunca antes en su vida habían visto un pedazo de pan. Algunos del grupo mediante señas trataron de indicarles que era para comer, pero no hubo caso; parece que era por si acaso planeábamos envenenarlos. A su vez, ellos nos hicieron señas para que comiéramos lo que tenían a la mano y al ver que a nadie le pasaba nada, siguieron nuestro ejemplo. Al cabo de mucho tratar de adivinar qué nos querían decir después de comer el pan, comprendimos que nos preguntaban el nombre. “Bara” les dijimos, y esa fue la primera palabra del galés que aprendieron los queridos nativos. Desde entonces y durante muchos años, cuando venían a visitarnos su primer pedido era: “un poco bara”, y aún durante la gran escasez de los primeros tiempos siempre se les dio algo, aunque más no fuera un trozo de pan, y más adelante cuando conocimos la abundancia, hogazas enteras. (…) Nos hicimos muy amigos de ellos con el tiempo. Durante los primeros años en las fiestas del Desembarco, nosotros y los indios confraternizábamos felices todos juntos; se organizaban juegos inofensivos y siempre se otorgaba un premio determinado, como ser una hogaza de pan a las mujeres ganadoras de carreras a pie o a caballo. Gracias a cosas como estas había una opinión favorable de nosotros entre todas las tribus, a lo largo y a lo ancho de la región”.  

 

FAMILIA TEHUELCHE

 

Francisco siguió visitando la colonia por el resto de su vida, breve, pues falleció en 1867 durante un viaje que realizó con Lewis Jones a Buenos Aires. Si bien en aquel viaje a Buenos Aires obtuvo lo pactado, Francisco contrajo fiebre y fue llevado al hospital donde finalmente murió. Cuenta el Reverendo Rhys que antes de morir “sorprendió a quienes lo atendían cuando dijo en español: Iré al cielo de los galensos, porque donde va esa buena gente debe ser un lugar feliz”.

Lewis Jones, fundador de Trelew, con Wisel, Francisco, Yeluk, Waisho, Kichkokum y Kelchamn en 1867 (archivos de la Universidad de Bangor)

 

Reciprocidad

Tal como dijera Jones,  galeses y originarios establecieron provechosas relaciones. De hecho, el cacique Francisco, con sus perros y caballos veloces y su habilidad para la caza, les enseñó a los colonos el uso del lazo, las boleadoras y muchas instrucciones útiles para la caza de animales silvestres cuando las primeras cosechas no fueron suficientes para mantenerlos y además había escasez de carne, ya que habían perdido  todas las ovejas y no disponían de suficientes animales para consumo.

Corría 1866, las cosas no iban bien en la Colonia y cundía el desánimo. En un momento se barajó la posibilidad de trasladarse a otro punto del país. En julio de ese año recibieron la visita de la nave “Tritón”, proveniente de las Malvinas, ya que las autoridades británicas se habían hecho eco de algunas quejas; los visitantes se informaron acerca de la situación del asentamiento y regresaron a las islas. Poco después de la partida de la nave británica los colonos recibieron la visita de dos grupos. El primero llegó y acampó a unos diez kilómetros al norte del pueblo. Eran varias decenas y pertenecían a la tribu del cacique Chiquichán. Pocos días después llegó otro grupo de la tribu de Galatts, y se afincó en la margen sur del río. Según cuenta el Reverendo Matthews, ambos grupos visitaban a diario el pueblo para pedir comida o comerciar, en un marco de paz y camaradería.

De esta forma se fue gestando un vínculo que tenía el intercambio comercial como uno de sus puntales cubriéndose necesidades recíprocas. Los tehuelches ofrecían mantas, plumas de avestruz, pieles, aperos, monturas y también caballos. Los galeses los cambiaban por alimentos varios, pan, azúcar, algodón y otros elementos.

Así, desde el punto de vista indígena era más conveniente comerciar con los recién llegados, mucho más honestos que los bolicheros de Patagones, permitiéndoles una posibilidad alternativa de intercambio comercial más cercano a su circuito de migración nacional y en condiciones de mayor equidad. Esto fue planteado en 1867 cuando los colonos aguardaban en Madryn para ir en busca de otros horizontes. Cuenta John Daniel Evans en El Molinero: “Ellos no querían que abandonemos la Patagonia, lógicamente se preguntaban: ¿Con quiénes vamos a comercializar si no están ustedes? Nos alentaban para que regresáramos, hasta llegaron a ofrecernos caballos para facilitar nuestro traslado”.

Así de pacífica era la convivencia en los primeros años de la colonia.

 

CINCO GALESES SOBREVIVIENTESÚltimos cinco sobrevivientes de La Mimosa, alrededor de 1935.

 

Por Hernán Rolando Medina

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