HABITAR LA PATAGONIA. parte I

Patagonia. Coordenadas: 35ºS/55ºS – 73ºO/62ºO

 

HABITAR LA PATAGONIA, ha sido visto y tomado desde la concepción de una historia hegemónica (y escrita) a ambos lados de la Cordillera de los Andes, como una cuestión de poblamiento. Y poblar la Patagonia, es una epopeya narrada por registros no siempre fieles (la mano que escribe es guiada por la lengua que dice), que dejaron su marca en incursiones bastante fallidas a lo largo de cinco siglos.

Hernán Medina, historiador, geógrafo, nos trae un acercamiento a esa mirada, con sus tensiones establecidas por una lengua acompañada de una intención al contar la historia que se marcó a fuego de fusiles y sangre de pueblos preexistentes y hace además un análisis que da cuenta de cómo en los espacios se construye territorialidad desde las prácticas sociales que llevan a sus habitantes a buscar soluciones y formas de alianzas para el desarrollo económico y social de sus comunidades más allá de colonizadores, ejércitos, estados y letra escrita para habitar la Patagonia.

 

La Patagonia, ese inmenso territorio de rasgos heterogéneos, que se extiende desde el paralelo 35ºS, entre los océanos Pacífico y Atlántico (límites naturales Oeste-Este), en el extremo más meridional del continente americano, fue objeto de varias expediciones de reconocimiento y ocasionales desembarcos a partir del descubrimiento del estrecho por Hernando de Magallanes en 1520.

Sin embargo, diversos acontecimientos demoraron la ocupación definitiva por los blancos hasta avanzado el siglo XIX. Sin duda que su lejanía del -entonces- centro del mundo y la falta de riquezas de fácil obtención, influyeron en ello. La escasa suerte de los primeros asentamientos, muchos de ellos abandonados por la falta de agua dulce y alimentos, fue construyendo en la visión europea, un imaginario patagónico donde el hambre y la muerte eran protagonistas. Grandes y fantásticos animales, altos y robustos habitantes -los “patagones” descriptos por Pigafetta-, se mostraban en los grabados y escritos de la época y eran parte de la leyenda construida en torno a la Patagonia, tomada a la vez de leyendas de España y Portugal.

Simultáneamente, mientras el interés por el interior del área continental era casi inexistente, distinta era la disputa por el control de variados puntos estratégicos en los mares australes, tal y como ocurrió con la ocupación inglesa de las Malvinas en 1833. A mediados del siglo XIX, los adelantos técnicos en la navegación a vapor, la intensificación del comercio mundial y la rica fauna marina, incentivaron el interés de numerosas naciones europeas que encomendaron varias expediciones de reconocimiento como la del viajero inglés George Chaworth Musters, quien en 1870 recorrió la meseta patagónica, volcando por escrito sus impresiones.

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Mapa de la Patagonia mostrando la ruta de Musters. Conversión a imagen raster con Quantum His 2.2.0. Elaboración: Lic. Santiago Peralta González.

A tal punto llegaron los intereses que durante la segunda mitad del siglo XIX el funcionario francés Orllie-Antoine de Tounens se internó en tierras araucanas entre 1858 y 1874 con el fin de constituir una monarquía independiente y erigirse en rey de la Araucanía y Patagonia. Su proyecto de lucha contra las autoridades republicanas chilenas logró el apoyo de los principales líderes indígenas y de no pocos intereses franceses, acorde con la voluntad expansionista del nuevo imperialismo napoleónico. Luego de tres intentos de levantamiento fracasados y una vez derrotados los caciques araucanos por el Ejército Chileno, Orllie-Antoine Iº fue finalmente detenido en Bahía Blanca y deportado a Francia.

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Mapa de la Araucanía y Patagonia. Autor: Orllie Antoine de Tourens. Buenos Aires. 1860. Fuente: bb-cy

Con el fin de establecer su soberanía en el área mas meridional del continente, el gobierno de ese país programó una expedición al estrecho de Magallanes, que en 1843  fundó Fuerte Bulnes, cuya población se trasladó seis años después a la actual Punta Arenas. En ese momento se inician las incursiones chilenas hacia la margen sur del río Santa Cruz. En 1859, el Capitán Luis Piedra Buena estableció una factoría en la isla Pavón, cerca de la desembocadura del mismo río, actuando de natural contención al avance a pesar del escaso apoyo oficial. El establecimiento de la factoría contó con la presencia del cacique tehuelche Casimiro Biguá y su gente y sirvió de acto posesorio de derechos nacionales hasta entonces muy vagamente expresados. En 1873, el gobernador de Magallanes dispuso la ocupación de Río Gallegos para fortalecer la posición de Punta Arenas, enviando unos pocos colonos y estableciendo un precario asentamiento. La enérgica protesta argentina por la violación del status quo vigente entonces entre ambos países, determinó el fracaso del intento y la creación en 1879 de la Subdelegación de Río Gallegos e Islas Malvinas, luego Subprefectura dependiente del ministerio argentino de Guerra y Marina.

Por entonces, Argentina comenzaba a pensar una nación que incluía a la Patagonia a través de principios positivistas que hacían de lo científico una base de legalidad ineludible a la hora de justificar la dominación. Y para ello se montó una operación ideológica en la que se denominaba como «desierto» a las tierras ubicadas al sur del Río Colorado. De esta forma se buscaba construir la noción de que las mismas no estaban habitadas o bien, que aquellas que hasta ese momento estuvieran habitadas, no eran «civilizadas». Se trataba -en el discurso de la época, sostenido por Sarmiento entre otros- del avance de la “civilización” sobre la “barbarie.” De esta manera el doble carácter de la palabra desierto (como ámbito geográfico supuestamente improductivo y como espacio sin población), legitimaba la ocupación militar de esas tierras por parte del Estado argentino.

Sin embargo, es importante aclarar que la debilidad de la ocupación blanca, hasta ese momento reducida a escasos puntos costeros, permitió un contacto importante entre ambas sociedades, propiciando diversas formas de intercambio. Prueba de ello fueron las buenas relaciones existentes entre Piedra Buena y los tehuelches australes, o los intercambios comerciales permanentes entre las tribus de la Patagonia central y las colonias galesas del valle inferior del Chubut desde mediados de la década de 1860. De hecho los caciques del sur patagónico decían reconocer a las autoridades nacionales y se consideraban “argentinos”, expresándolo así a la hora de reclamar tratamientos preferenciales y firmaban tratados de apoyo mutuo con el gobierno central mientras se diferenciaban expresamente de los jefes del norte del río Negro por su condición de “extranjeros” y “maloneros”. En 1863 Sayhueque firmó un tratado en el que se comprometía a proteger y apoyar con su gente la defensa de Carmen de Patagones. Por su parte, en 1866, Casimiro Bigúa en representación de todos los caciques existentes entre el Chubut y el estrecho de Magallanes, se reconocía súbdito de las autoridades argentinas y era designado como jefe encargado de la defensa de las costas y del interior patagónico. Desde la localidad de Carmen de Patagones se distribuían anualmente las raciones a los “indios amigos”, produciéndose un intenso  intercambio de ganados, pieles, plumas de avestruz y mantas, por vestimentas y otros artículos de consumo.

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Sayhueque, rey del ”País de las manzanas” 

En el norte de la Patagonia, en cambio, la situación es más compleja, tanto en lo que respecta a la diferenciación de las etnias como en cuanto a las características de la organización social indígena. En la vertiente oriental de los Andes se conformó un área de importantes contactos entre distintas corrientes poblacionales, provenientes de la araucanía chilena, del sur de Mendoza y de los cazadores especializados de la Patagonia austral. La cantidad y variedad de los recursos disponibles en los valles cordilleranos facilitó siglos atrás el asentamiento de los primeros grupos pedestres, a quienes la posterior incorporación del caballo les permitiría una gran movilidad y la posibilidad de ampliar sus desplazamientos a las áreas extra - cordilleranas. La adopción del ganado europeo los transformó también en pastores ecuestres, ganaderos y comerciantes. Hacia mediados del siglo XIX, estos grupos ya respondían a patrones socioeconómicos mucho mas complejos que el simple modelo de la caza y la recolección. Para entonces, las tribus del área andina norpatagónica, divididas por el río Agrio en las “naciones” Huilliche (al sur) y Pehuenche (al norte) eran, por su privilegiada situación geográfica, una pieza fundamental en el mundo de relaciones construido alrededor de la frontera con el blanco, particularmente complejizado a medida que se difundían las formas capitalistas en el área bonaerense. Estos grupos eran excelentes intermediarios entre el ganado proveniente de la región pampeana y el mercado chileno demandante, ejerciendo además un activo control del tránsito cordillerano. La intensa circulación de bienes había derivado en un singular poder de los caciques locales, que percibían “peaje” en especies por el derecho de atravesar su territorio y arrendaban pasturas para el engorde de los animales previo cruce de la cordillera.

De esta forma el correcto aprovechamiento de los valles de invernada y veranada, el estricto control de las rutas y pasos y un eficaz sistema de comunicaciones, permitieron entonces un buen funcionamiento del modelo económico indígena en el norte de la Patagonia. El intercambio de animales, sal y tejidos, por cereales y otros productos europeos (cuentas de vidrio o “chaquiras”, diversos elementos de hierro, añil para el teñido de las lanas, vestimentas, armas y bebidas alcohólicas, entre otros), se hacía tanto con la sociedad hispano - criolla de ambos lados de la cordillera como con otras tribus vecinas del oeste pampeano. El excedente de ponchos, mantas y otros tejidos servían como importantes prendas de trueque; en tanto que la sal, originaria de Neuquén y de las Salinas Grandes, era un elemento fundamental para la conservación de los rebaños y para el consumo humano, particularmente en Chile.

Pero el conflicto también era una característica constante del espacio fronterizo entre la Araucanía y las Pampas durante el siglo XIX, ya fuera el naturalmente instalado entre la sociedad blanca y la indígena como el existente al interior mismo de las distintas parcialidades. Luego de décadas de relativo equilibrio en el que se intensificaron los contactos entre ambos lados de la cordillera, los procesos independentistas de Argentina y Chile y el gradual avance de las formas capitalistas alteraron profundamente la situación, aumentando las reacciones contra la práctica del malón. Mientras tanto, Chile y las poblaciones fronterizas de ambos lados de la cordillera, marginales y ajenas al desarrollo de las luchas por la dominación nacional, seguían dependiendo para su subsistencia de los circuitos comerciales indígenas.

Además, los grandes caciques, comenzaron a enfrentarse por el control de las principales fuentes de ganado y sal, constituyendo importantes confederaciones que controlaban distintas áreas patagónicas y pampeanas. De esta forma Chocorí llegó a extender sus dominios desde la cordillera al mar, en tanto que su hijo Sayhueque era reconocido como “Gobernador del País de las Manzanas” en el área del Nahuel Huapi. Otras parcialidades eran lideradas por los caciques Reuquecura y Purrán, en el oeste y norte del territorio neuquino.

La radicación más estable de los grupos definió en esta área nuevos patrones de asentamiento, característicos de una compleja sociedad de ganaderos y comerciantes, permitiendo además la afirmación de las prácticas agrícolas y la especialización del trabajo en áreas específicas como la platería. El control de los campos y pasturas, de las aguadas, rutas y pasos cordilleranos, fue un factor clave para la instalación de las tolderías. Grandes grupos de población se nucleaban alrededor de las familias gobernantes, que simultáneamente concentraban riqueza y poder, en tanto que las autoridades criollas intentaban neutralizar los conflictos en la frontera con la entrega de ganados y raciones. Pero las formas capitalistas de producción avanzaban rápidamente en el área pampeana, volviendo las relaciones fronterizas cada mas complejas.

En ese contexto se lleva a cabo la denominada Campaña del Desierto de 1879. Pero esa es otra historia.

Por Hernán Medina

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